Raquel del Amo. Psicoanálisis y Salud Mental

Jornadas abiertas “Psicoanálisis y Universidad” 27-4-2017

Me cuesta trabajo pensar cómo sería mi abordaje de las psicosis sin ayuda del psicoanálisis. Hoy, en la universidad el abordaje de las llamadas enfermedades mentales, sigue siendo el mismo que cuando yo estudiaba allá por los años 90. Un enfoque marcado por la descripción de síntomas que vienen recogidos en los criterios diagnósticos de los DSM, ahora el V, que no hacen más que una descripción de síntomas y signos y que dejan fuera al sujeto y sobre todo al sufrimiento.

Todavía hoy, hay que escuchar mensajes que plantean un curso procesual de la esquizofrenia, y cómo todavía se piensa que cuantos más brotes tenga un paciente con psicosis mayor será su fase residual, nada más desconectado de la realidad circundante que esta imagen atrasada, negativa y estigmatizante de la psicosis.

            Cuando nos ponemos a reflexionar sobre la Psicosis, en principio habría que pensar qué entendemos por psicosis, porque si preguntáramos cada uno tendríamos una definición, desde el déficit hasta la genialidad. Una explicación genética, biológica, traumática, cultural, histórica, etc. Y últimamente un movimiento reivindicativo en contra de la cultura capitalista. Desde una enfermedad degenerativa y crónica hasta una manera de estar en el mundo que se debe reivindicar como un derecho. Desde que estoy en esto, ya hace más de 20 años, hemos tenidos distintos nombres: enfermos mentales crónicos, personas que padecen una enfermedad mental, personas con sufrimiento psíquico y últimamente personas con experiencias inusuales.

Y ahí tenemos instaurado el debate, si tenemos que intervenir o no con una persona que lleva sin salir de su casa dos años, sin ducharse meses, que no ha trabajado nunca, o que tiene conductas impulsivas que decoran mal en una sociedad rápida y utilitarista como la nuestra. El discurso capitalista hace de lo útil y lo efímero una manera de estar en el mundo para todos, del triunfo y de su representante el dinero un ideal.

No tengo ninguna duda que el psicoanálisis me protege de todo este debate, porque el psicoanálisis se centra en el sufrimiento del sujeto. Así, un síntoma desde el punto de vista psicoanalítico será susceptible de tratarse siempre que cause sufrimiento en una persona, si no lo causa entonces no es de nuestra incumbencia. Eso es lo que aporta el psicoanálisis una manera de mirar y de entender el sufrimiento que nos ayuda a colocarnos enfrente de las psicosis sin retroceder.

Noticias Cuatro en la UAT joven

11530Silvia-Parrabera-UAT-Joven-psicosis-salud-mental-manantialEl equipo del telediario visita el proyecto piloto de atención temprana de Fundación Manantial

29 de Mayo de 2017

El equipo de informativos de Cuatro se ha desplazado este fin de semana hasta la Unidad de Atención Temprana Joven (UAT). La UAT es un proyecto piloto pionero en España desarrollado por Fundación Manantial, con la colaboración del Servicio Madrileño de Salud y la Obra Social “La Caixa”, que atiende de forma intensiva e integral a jóvenes con primeros episodios psicóticos y a sus familias.

La UAT atiende a 30 jóvenes entre 16 y 25 años, franja de edad en la que surgen el 70% de casos. Detectar a tiempo e intervenir de forma especializada e intensiva en la primera fase de la psicosis mejora la recuperación funcional de los jóvenes y evita que se aíslen de la sociedad. La atención temprana logra una reducción significativa de las recaídas y los ingresos hospitalarios, disminuye las dosis necesarias de medicación, supone un ahorro al sistema sanitario y reduce el sufrimiento emocional en las familias.

El éxito de la intervención precoz se puede ver en algunos resultados de la UAT en sus tres primeros años de vida, en los que 26 jóvenes han retomado su formación y 23 han conseguido un empleo, algo esencial en estas edades y que facilita significativamente su inclusión social. El proyecto piloto pasará a una segunda fase a partir de julio de 2017 y continuará atendiendo a los pacientes con primeros episodios psicoticos y a sus familias derivados de los servicios de salud mental del Hospital Universitario Alcalá de Henares. 

Accede a la noticia en Noticias Cuatro (minuto 31:23)

 

Fuente: http://www.fundacionmanantial.org/noticia.php?id=377

Carlos Fernández Atiénzar. Una visión psicoanalítica sobre la herencia: La melancolía.

Jornadas abiertas “Psicoanálisis y Universidad” 27-4-2017

El estilo y la forma de escucha con el que trabajamos haciendo terapia, determina el curso de ésta y además es totalmente subjetivo, ya que surge de la elección de un modelo teórico por parte del terapeuta, por mucho que este modelo aparente una objetividad o esté validado por una supuesta fortaleza científica. Esta subjetividad es impulsada por el deseo, y ya sabemos que el deseo genuino es inconsciente.

A su vez, en el decir del paciente se escucha los padres interiorizados que éste tiene, que nunca coinciden con los reales, pero que son los que influyen verdaderamente en el psiquismo del paciente; al igual que todos los hijos no son iguales para los padres, nunca los padres tienen nada que ver como los piensa un hijo u otro, volviendo de nuevo a la subjetividad de la que antes hablamos.

Desde un modelo médico actual, la mayoría de los psiquiatras coinciden en afirmar que las depresiones melancólicas o endógenas y las psicosis maniacodepresiva (actual trastorno bipolar), presentan en su etiología una fuerte carga genética de raíz biológica y son los cuadros que presentan más antecedentes familiares de trastornos depresivos, suicidios y trastornos mentales diversos, seguido de la esquizofrenia. También se observan altos índices de casos en zonas rurales y aisladas, donde la endogamia se hace más patente.

Se establece, al menos en los trastornos más graves que están en relación con la Psicosis y la locura, el modelo más puramente médico de enfermedad con una etiología, una evolución, un pronóstico, un diagnóstico y un tratamiento habitualmente farmacológico. Si ya sabemos lo que va a pasar y cómo va a evolucionar el proceso, nos podemos olvidar con más facilidad del sujeto que tenemos delante.

La primera objeción y cuestionamiento es fácil; es el tremendo reduccionismo del sujeto, ya que se toma a éste por un cuerpo y se trata el déficit de serotonina que hay que corregir. Y esto ocurre en la práctica con preocupante frecuencia, prescindiendo incluso del modelo biopsicosocial que tanto le gusta apelar a la Medicina, pero del que luego prescinde, ya que lo psicosocial se obvia la mayor de las veces. Se borra de un plumazo las dinámicas psíquicas, las elecciones personales, la historia individual única que cada uno de nosotros vivimos, y por supuesto el Inconsciente, el más poderoso y renegado motor de la vida humana.

Si recurrimos a la escucha médica actual, recogiendo sin más los antecedentes familiares de depresión, y no nos acercamos a la historia subjetiva que el paciente ha construido sobre sus orígenes, perdemos al sujeto que tenemos delante y tomamos al paciente como un objeto pasivo al que corregimos y modelamos según las guías estandarizadas de tratamiento. Quién sabe, a veces viene bien para defendernos de la pulsión de muerte tan manifiesta de algunos pacientes graves y que se pone en juego en la transferencia. Quién sabe si el modelo médico actual, muchas veces nos sirve para defendernos y poner un límite, una barrera protectora a veces conveniente, a esa transferencia masiva de los pacientes psicóticos. Estaría bien pensarlo.

Desde el punto de vista psicoanalítico, la lectura sobre la herencia es diferente; efectivamente hay una transmisión que influye en la psicopatología, pero no es el factor genético biológico el causante de los trastornos, sino los lugares que cada sujeto ocupa en el entramado familiar, las identificaciones que se dan con un familiar y/o las tragedias sucedidas, o los secretos guardados…o simplemente el rol asignado al miembro familiar, consciente, o la mayor parte de las veces, inconscientemente. Hay una transmisión generacional de una historia que se va construyendo de manera intersubjetiva entre los miembros familiares.

En la melancolía, hay una repetición mortífera de Identificaciones masivas y globales a un miembro familiar que sufrió alguna tragedia, alguna historia triste; esas marcas que filian a veces a las familias de forma negativa; ”en nuestra familia los varones/mujeres se mueren jóvenes o de tal enfermedad, o los de la rama paterna/materna acaban en el Psiquiátrico…” esas familias malditas de los pueblos…una filiación que lleva la marca de Tánatos y que determina el Imaginario familiar. Pero también en esas familias, hay miembros que hacen su vida, que se quitan de encima esa marca negativa. ¿Por qué unos miembros de la familia no padecen ese trastorno?, ¿ por qué pueden hacer su vida, por qué se desmarcan de ese sello familiar?. Es importante fijarse bien en ellos, porque siempre tendemos a poner de relieve lo negativo, el sello de enfermedad de algunas familias. Pero hay que fijarse también en los indicios de salud y de vida, ya que nos puede dar pistas sobre lo que les está sosteniendo/ curando.

Creo que no hay una transmisión al azar, como apunta el modelo médico, de una probabilidad mayor o menor de padecer tal o cual trastorno, sino que hay una elección subjetiva a ocupar un lugar en la historia familiar propio y nuevo u ocupar un sinlugar ajeno, repitiendo mortíferamente una historia antigua y de otro.

En la historia familiar de los melancólicos, si escuchamos con esmero, en el decir del paciente y cómo cuenta o le han contado sus ancestros la historia familiar, encontramos algún suceso en conexión con la pérdida y la tramitación de ésta. Pero hay una particularidad; no es una pérdida cualquiera, es una pérdida cuando no toca. Un evento traumático inusual, difícil de simbolizar; un accidente, un suicidio, una guerra, una ruina, un desarraigo, un éxodo…algo que descoloca el orden y hiere de muerte el narcisismo familiar. Al herir este narcisismo, el suceso se oculta por vergüenza y puede generar un secreto (lo no dicho, pero sabido) que tiene en el Inconsciente su mejor aliado, ya que se transmite un sentimiento de culpa, una deuda pendiente de la que se hace cargo inconscientemente y que paga de diversas maneras con su propia vida.

Sin embargo, quizá lo más importante no es la pérdida en sí misma, sino la forma de tramitarla; si el duelo es la forma neurótica de tramitar la pérdida, en la melancolía esta pérdida se tramita de forma narcisista, es decir no se tramita/simboliza, porque va en contra de la misma naturaleza del narcisismo, que no puede perder nada, es la completud, la omnipotencia.. Y aquí interviene muy significativamente la estructura familiar; familias muy adheridas entre sus miembros (familias que se enorgullecen de “ser una piña”), con mucha dificultad de diferenciarse y hacer su propia vida; se hace así patente la endogamia y la salida a lo social es dificultosa. Familias muy pegadas a la tierra, al campo, a lo rural…Familias con marcas y agujeros sin simbolizar que señalan su identidad de esta forma. Esa dificultad de tramitar las pérdidas y las separaciones se transmite de una generación a otra. Se hereda algo no elaborado, una deuda por saldar, una identificación a algo que es de otro y que no se ha podido subjetivar en las generaciones anteriores. Esa búsqueda de sentido constante que humaniza la vida, no se ha encontrado en los casos graves de melancolía y otras psicosis. La Ciencia explica, pero el ser humano necesita comprender y la explicación científica solo sirve en Matemáticas, Física y poco más.

La herencia, viene a decir Recalcati en su libro “El complejo de Telémaco”, no es un movimiento pasivo en el que se transmiten identificaciones o genes; es más bien un movimiento activo y recíproco de reconquista de la herencia. Hay una subjetivación de ésta, en el que el padre ofrece algo que el hijo puede o no recoger. Y esa responsabilidad subjetiva, esa elección, es la que rompe con ese determinismo fatalista (tanto biológico como psicoanalítico). La herencia sana, neurótica, erótica, es decir la herencia de vida, es la que ofrece el padre como el testimonio de que la vida merece la pena vivirla, encarnando él mismo esa opción. Aunque lo que se ofrezca sea pulsión de muerte, siempre hay algo en conexión con la vida y tenemos la responsabilidad de aferrarnos a ella.

Es esta subjetivación de la herencia la que humaniza al ser. La visión médica actual reduce el ser al cuerpo y estima la herencia como una probabilidad al azar de padecer un trastorno, borrando la subjetividad y mostrando un ser pasivo, a merced de la fatalidad de la enfermedad y/o de la capacidad salvadora del médico omnipotente.

Hasta el melancólico puede elegir “entre la pena y la nada, elijo la pena” (Faulkner, Las palmeras salvajes)

Telémaco: “Si a todo alcanzara el poder de los hombres mortales, yo primero eligiera el regreso del padre querido” (Homero, La Odisea)

 

Una visión psicoanalítica sobre la herencia: La melancolía

Autor: Carlos Fernández Atiénzar. Psiquiatra y Psicoterapeuta

¿QUÉ CAMBIA CON EL ANÁLISIS?. Jorge Marugán

-¿Por qué estoy aquí?  Pregunta Neo cuando consigue llegar al arquitecto de Mátrix en la 2ª parte de la famosa trilogía de los hermanos Wachoswsky, ambos transexuales declarados. Y el Arquitecto, el Creador, que como buen amo vela por el buen funcionamiento del programa Mátrix, donde habitamos todos, le contesta (hago un resumen):

-“Eres el resto de una ecuación que escapaba a mis intentos de control, el producto de una anomalía en mi armonía de precisión matemática, el fruto de una imperfección inherente a todos los seres humanos… una anomalía que crea fluctuaciones hasta en vuestras emociones más simples”.

El arquitecto explica a Neo que la primera versión de Mátrix se basó en la felicidad y la perfección, y fracasó, los cuerpos humanos no sobrevivían; en una segunda versión emuló el sufrimiento y la destrucción presentes en la historia humana, y también fracasó. Entonces, a través de un programa más intuitivo, el Oráculo, encontró que los seres humanos aceptaban someterse al programa mientras sentían que podían elegir, sólo entonces la mayoría lo aceptaba, y los cuerpos sobrevivían. Pero como los que rechazan el programa, aunque sean una minoría, constituyen una creciente posibilidad de desastre en el sistema, se impide esa amenaza matando a todos los rebeldes, pero permitiendo sobrevivir a unos cuantos para diseminar su código humano anómalo y recomenzar el ciclo de la anomalía. Y así cada vez. Esa es la función que Neo tiene en Matrix: la de resto que no se puede eliminar del programa y se autorregula bajo el dictado del amo para mantener la producción normalizada de sujetos. Como Noé y su arca. Como la estructura que señala el llamado Discurso Universitario de Lacan. Neo, por supuesto, se niega.

Me gusta pensar que Neo es Freud, que se niega a hacer de la a-nomalía un objeto al servicio del poder y la convierte, precisamente, en una herramienta para cuestionar al sujeto y derribar a sus amos, sean falsos o verdaderos.

Pero Neo, claro está, es el Elegido, y sólo puede acabar crucificado para salvar a todos. Los que no gozamos de tanta vocación, ¿qué alternativa tenemos a este control del poder, basado en un uso tan astuto del saber?

Frente a las pretensiones, bienintencionadas o no, de establecer un ser humano completable, programable y normalizable (en “completo bienestar” dice la O.M.S.), el psicoanálisis opone la evidencia de un “Yo escindido por la castración” como estableció Freud en el último momento; o de un Sujeto dividido por el lenguaje, como agregó Lacan. Y será a través del lenguaje y la palabra que el psicoanálisis opera frente al sufrimiento; es decir, su recurso será precisamente aquello que provoca la anomalía humana de origen.

¡Qué incongruencia! combatir el exceso sufriente y perturbador de esa anomalía con más anomalía; utilizar todo el potencial del lenguaje, no para curar la castración o la división del sujeto, sino para suscitarla, volver productiva esa castración y provocar el cambio subjetivo.

Pero esa intervención basada en el potencial de la palabra y el lenguaje para cuestionar lo faltante, no puede reproducir el mismo ejercicio de poder que pretende combatir. No se trata de sustituir un amo, que controle y administre el saber, por otro, como hace la histérica. En el psicoanálisis, el uso del saber es paradójico porque, como indicó Freud, ese saber no está en el analista, éste debe dejar su saber en suspenso, está en el Inconsciente. Y por eso, más que hablar, escuchamos. Intentamos escuchar el inconsciente, sus manifestaciones: contenidos verbales que se repiten, síntomas, sueños, fantasías, lapsus y actos fallidos… saberes que no responden, que no admiten la programación o normalización en función de los dictados del amo.

Por eso, nuestra palabra como analistas, no tiene valor como saber, este ya tiene demasiados dueños y demasiadas palabras, sino precisamente lo contrario, tiene valor como no-saber, y aquí no sigo a Freud y recurro a Lacan. La palabra del analista alcanza su máximo valor como no saber, es decir, como Acto. El Acto se sale del programa, está más allá del sentido y del cálculo y, sin embargo, conlleva el encuentro con una certidumbre. Se sostiene en un deseo realmente decidido, después todo es diferente. Neo, cuando da calabazas al Arquitecto de Mátrix, realiza un Acto.

Entonces, si hablamos de cambio, de lo que puede cambiar el análisis, del cambio en la posición subjetiva, en la fijación a ciertas fantasías, en el sometimiento a ciertos ideales, en nuestra sexualidad, en nuestra forma de hacer vínculos… ahí no hay saber previo.

“Ha sido un juego muy peligroso”, dice el amo de Mátrix al final de la saga. Pero del  Acto de Neo surge un orden nuevo, de esperanza, de resistencia, de libertad.

 

Jorge Marugán. Jornadas Psicoanálisis y Universidad. 27 de abril de 2017.