Clínica de las Migraciones. Juan Carlos Durán Canal

II Jornadas Máster Psicoterapia Psicoanalítica Universidad Complutense de Madrid.

Se me venía a la mente al hacer esta ponencia, la siguiente reflexión: para toda persona inmigrante, el volver a casa representa un deseo muchas veces muy lejano pero muy añorado, yo como persona inmigrante lo puedo afirmar. En este proceso, se me ocurrió un símil de esta situación y es que hoy me siento profundamente emocionado por volver a esta casa de estudios, que me brindó la oportunidad de estudiar el master de psicoterapia psicoanalítica, sin duda alguna, la sensación es como volver a casa. Gracias Marina Bueno por la invitación y gracias a esta casa de estudios por permitirme formar parte de estas Jornadas.

 

El proceso de migrar a otro país es una decisión compleja y difícil de tomar. Se juega la identidad, la pertenencia e incluso el propio narcisismo. Migramos en algunas ocasiones por cumplir objetivos personales y/o profesionales,  porque en nuestros países nos exponemos a peligros o situaciones que vulneran nuestra estabilidad emocional, por lograr recibir un tratamiento médico inexistente donde vivimos o por una infinidades de razones como personas inmigrantes hay en este mundo.

 

Llegar a otro país  representa enfrentarse con lo extraño, lo distinto, lo desconocido. Requiere un proceso psíquico complejo, de desidentificación según la psicoanalista Tabak de Bianchedi. Esto genera angustia, produce incertidumbre y ansiedad. La sensación puede convertirse en desbordante y es muy complicado ponerle palabras al cúmulo de emociones que se está viviendo.

 

En psicoanálisis existe un mecanismo de defensa llamado escisión, el cual me permitiré definir de la siguiente manera: “Desde los Estudios sobre la histeria, Freud se sirve de él (igual que Breuer) para designar la «escisión» de la conciencia propia de la histeria y la hipnosis. Es pues una palabra que se utiliza para decir que «uno se divide en dos”. En dicho proceso, existen dos actitudes contradictorias ante la realidad; actitudes que llegan a coexistir simultáneamente en el yo: la aceptación y la renegación.

 

En mi práctica clínica con personas inmigrantes, es común observar como personas que han emprendido un viaje a Europa por avión, escinden casi completamente esta experiencia, haciéndoseles casi imposible recordar detalles de ese viaje, siendo en el momento de volver a sus países de origen, seres casi neófitos en los aeropuertos.

 

Estos sentimientos ambivalentes, temor a la pérdida de la cultura de origen y necesidad de mantener la escisión como defensa ante la angustia, crearán un particular sufrimiento psíquico, donde suele predominar la nostalgia y la añoranza hacia lo que se tenía.

 

Esto no es más, que el duelo migratorio, entendido este como una elaboración de la pérdida. Cuestiona nuestros propios recursos yoicos y pone en juego las estrategias de cada uno para poder adaptarnos, movilizando emociones ambiguas, pudiendo este resolverse con éxito o en patología.

 

Entonces bien, una persona inmigrante en el país de acogida deberá transitar por dos caminos, el de la adaptación a lo nuevo y desconocido, y a la elaboración de su propio duelo migratorio, el cual será diferente en cada persona y tendrá duraciones distintas de igual forma.

 

¿Cómo trabajamos entonces con una persona inmigrante, desde la psicoterapia psicoanalítica?. Son muchos los factores que se ponen en juego, cuando el proyecto migratorio de una persona fracasa o tiene éxito. La posibilidad de superar cada duelo, depende de la integración del Yo de cada sujeto y de la realidad psíquica acorde y en armonía con la realidad externa.

 

Desde mi experiencia en la práctica clínica con personas inmigrantes, en la mayoría de los casos, los distintos motivos de consulta, siempre remiten a una dificultad en la elaboración de ese duelo migratorio, que genera malestar emocional en los distintos ámbitos de la vida del sujeto.

 

Es fundamental en primer lugar, contextualizar el proyecto migratorio de cada persona, las razones que motivaron ese proceso migratorio, las redes de apoyo de cada persona en el país de acogida, las expectativas que se tienen sobre este cambio, las distintas renuncias que la persona ha tenido que hacer para poder estar en ese lugar, etc…Sólo de esta manera, podemos hacernos una idea de la complejidad del proceso migratorio de ese paciente, y del grado de elaboración que tiene de ese duelo que implica inmigrar.

 

Según la psicóloga Giulia de Benito, el duelo migratorio representa el gran “estar entre” dos países, dos culturas, dos grupos de personas, dos planteamientos vitales, dos emociones enfrentadas. Desde la psicoterapia psicoanalítica, siempre intento conducir a mis pacientes a que integren estas partes escindidas del yo por este proceso migratorio, con la finalidad de que puedan afrontar la nueva situación, poniendo en práctica sus recursos yoicos.

 

Por un lado, se vive una especie de castración psíquica, ya que la persona se ve en la situación de postergar o modificar, ciertos aspectos culturales adquiridos, para poder integrarse en su nuevo medio impregnado de pautas diferentes. Es por ello que se debe trabajar, el sentimiento de no pertenencia, el sentirse diferente al resto. Esta percepción sacude la estructura psíquica de los sujetos, se experimenta cierta desorganización interna y se movilizan ansiedades de tipo paranoide, confusionales y depresivas.

 

Es importantísimo trabajar con la persona inmigrante, el conjunto de pérdidas que implica el proceso migratorio y el lugar que ocupará con respecto a esas pérdidas. El lugar que se tenía con respecto a un Otro, ya no sera el mismo desde que se está en el país de acogida; no se forma parte de la vida del Otro del mismo modo, no se comparten las mismas cosas, la persona pasa a ser uno que está lejos, que vive fuera.

 

Esto es aún peor en madres que tienen que verse obligadas a migrar para darle major calidad de vida a sus hijos en el país de origen. El sentimiento de pérdida que experimentan por no ver a sus hijos crecer, por no estár presentes en los momentos más importantes de su crecimento y por sentir que están perdiendo el rol de madre, son temas recurrente en mi práctica clínica.

 

Afortunadamente en estos casos, el desarrollo de las nuevas tecnologías en telecomunicaciones, hacen que el contacto y la relación con el Otro, parezca menos desgarrador.

 

Es importante también ayudar a la persona inmigrante, a que logre inscribirse en la sociedad de acogida, que logre hacerse parte de la idiosincrasia del país de acogida y para ello es fundamental el trabajo en equipo con otros trabajadores del área social como pueden ser trabajadores y educadores sociales, abogados, técnicos de empleo, entre otros.

 

En conclusión, el trabajo psicoterapéutico debe consistir en fortalecer el yo, lo suficiente como para que desarrolle recursos que le permita adaptarse a la sociedad de acogida y para que también sea lo suficientemente flexible para incorporar aspectos de la nueva cultura a su identidad, generando esto mayor enriquecimiento y maduración de su aparato psíquico.