ADOLESCENCIA, Psicoterapia de grupo. Irene Sáez Larrán

 

II Jornadas Máster Psicoterapia Psicoanalítica Universidad Complutense de Madrid.

El tema que me gustaría abordar es la adolescencia. Compartir con vosotros cómo nos permite el psicoanálisis entender a los adolescentes que atendemos en nuestras consultas o centros de día y acercaros al abordaje grupal de los adolescentes con problemas, tratamiento que a mí personalmente me ha abierto un mundo de posibilidades para la intervención con nuestros jóvenes.

 

Para ello comenzaré explicando con ayuda de algunos autores, qué es la adolescencia.

 

La adolescencia es una etapa de la vida, una transición conflictiva pero también creativa, que se atraviesa desde el fin de la infancia hasta establecerse la identidad adulta, con todo lo que ello conlleva.

 

Podríamos entender la adolescencia como un pasaje de cambios. Cambios que implican pérdidas. Arminda Aberastury explica “el período adolescente como un lento y doloroso proceso de duelo”. Nos propone pensar estas pérdidas teniendo en cuenta 3 duelos: duelo por la pérdida del cuerpo infantil, por la pérdida de la identidad infantil y por la pérdida de la relación infantil con los padres.

 

Comenzaré explicando el duelo por la pérdida del cuerpo infantil: A partir de los 11 años, comienzan los cambios en el cuerpo, morfológicos y fisiológicos. Estos cambios advertirán al adolescente de que su cuerpo infantil va a dejar paso a un cuerpo maduro y sexuado.

 

El segundo duelo al que se enfrentará el joven, es en relación a la pérdida de la identidad infantil: hasta ahora, el niño tenía unos vínculos de dependencia familiar, donde los padres y él, aún no estaban del todo diferenciados.

Con la llegada de la sexualidad adulta, el joven se verá comprometido a tener que renunciar a los vínculos de dependencia infantiles que le unían a sus primeros objetos de amor: sus padres. Debe renunciar a estos vínculos que hasta ahora le proporcionaban tanta seguridad para poder dar paso la creación de otros vínculos con sus iguales, donde se jugará, durante este período de la vida, su identidad.

Pero esto no es tan sencillo. El joven se encuentra ambivalente en este proceso de crecimiento: Por un lado desea seguir siendo un niño, seguir manteniéndose cerca de papá y mamá que le conocen, le calman y cuidan como cuando era un niño pequeñito. Pero por otro lado deseará con todas sus fuerzas mantenerse muy lejos de ellos, ser diferente a ellos y a lo que esperan de él. Necesita sentir que puede decidir por sí mismo, pero se mantiene en él un fuerte deseo de mantenerse cerca de papá y mamá a la vez.

 

Creo que para entender mejor la separación de los padres que el adolescente trata de conseguir, es necesario tener en cuenta el tercer duelo al que me refería: el duelo por la relación infantil con los padres. Durante la niñez, los padres ocuparán un lugar privilegiado para el niño, serán los cuidadores y protectores que mantengan al niño en una célula lo suficientemente segura. El adolescente sufrirá una gran (y necesaria) decepción, pues los padres no son todo lo que él había idealizado, no son todo lo que él esperaba, y por lo tanto él tampoco lo es.

Este pasaje, permite al adolescente salir del mundo familiar, para buscar en el mundo exterior aquello que no encuentra en la familia.

 

La relación con sus iguales, se sitúa por lo tanto en el punto de mira para la estabilidad del joven, pues allí podrá sentirse diferenciado de los padres y encontrarse iguales que le permitan reconocerse en ellos.

 

Todas estas pérdidas de la transición adolescente requieren de un trabajo psíquico complejo que habrá de ser enfrentado con los recursos con los que cuente el adolescente. Es un período difícil ya que el yo se encuentra confundido y ambivalente frente a los cambios que se le presentan y que se le exigen para lograr su propia transformación y dar paso a su identidad.

 

Tomando a Nasio (2013), “renunciar y elaborar el duelo del funcionamiento infantil, implica aceptar vivir con la ausencia definitiva de aquel a quien amamos y que acabamos de perder. (…) El duelo de la infancia es un lento y sordo proceso de alejamiento, porque para dejar atrás la infancia, el adolescente debe volver a ella sin cesar (…) recordando el pasado innumerables veces y dejándolo volver en acto una y otra vez.” Es por esto que el adolescente al amar a un noviete, conversar con una amiga largas horas o reírse con sus amigos durante horas y horas, revive algo de la intensidad de los vínculos infantiles. Están cargados de la misma ternura que el descubrimiento de los primeros juegos infantiles o la sorpresa de los primeros descubrimientos de su mundo infantil.

 

La resolución de estos duelos tendrá diferentes implicaciones, puesto que la búsqueda y el encuentro de una elaboración, marcarán la formación de la identidad adulta.

Pero todas estas pérdidas, vienen siempre acompañadas de nuevos nacimientos, de nuevas formas de comprender y colocarse en el mundo. Diríamos que el adolescente debe perder el cuerpo y universo familiar, conservar todo lo que sintió y vivió y conquistar finalmente la edad adulta.

 

Teniendo en cuenta esta concepción, podríamos preguntarnos: ¿A qué conflictos psíquicos se enfrentan los adolescentes?

 

En la clínica, nos podemos encontrar con las siguientes dificultades:

 

  1. Adolescente Angustiado/Estado Angustiado: es el adolescente paralizado. No puede actuar ni sabe qué desear o pensar. Poniéndonos en la cabeza del adolescente, entenderíamos que ante cualquier surgimiento de sensación o pensamiento adulto, es fuertemente reprimido.

En el camino de convertirse en hombres y mujeres, cualquier compromiso que supone enfrentar situaciones adultas, no se puede soportar, no se tienen herramientas y el adolescente se bloquea, se repliega, se queda inmóvil. Estas situaciones se presentan como inhibiciones a amar,  a identificarse con un tipo de mujer y de hombre, etc.

Esta fuerte oleada represiva hace que el adolescente se muestre intratable y hostil. Todo lo que provenga del mundo familiar le parece mal y también todo lo que trate de aportar un punto de vista diferente, como otra forma de vestir o de entender el mundo, es fuertemente rechazado. Todo lo diferente o extraño debe ser apartado, puesto que compromete la identidad de uno mismo.

 

  1. Estado Triste: sobretodo presente en las chicas adolescentes. Se siente decepcionada con la vida, se cierra a los otros y se repliega en sí misma. Diríamos que el superyó la acribilla con reproches y la desprecia. Se autodescalifica y denigra. Es frecuente que piense en el suicidio, aunque no tiene por qué llegar a ello. Nada del mundo adulto le satisface y llora por su amor (infantil) perdido.

 

  1. Estado Rebelde: pensaríamos en el adolescente que vive en una oposición continua, es irascible, provocador y agresivo. Pero detrás de este comportamiento violento e irritante, se esconde una tristeza no consciente. La tristeza y la hostilidad se mezclan entre sí, tratado de expresar la rabia que siente por haber sido abandonado por los padres de la infancia.

 

 

Me parece importante aclarar que el paso por la adolescencia es un proceso muy importante para la formación de la identidad adulta, pero en ningún caso puede ser entendida como patológica. La diferencia para que un adolescente acuda o no a pedir ayuda, es la angustia y el nivel de sufrimiento que viva durante el atravesamiento de estos momentos, las limitaciones para gestionar sus emociones, las relaciones con sus iguales, la relación con sus padres, los estudios, etc… y el nivel de sufrimiento.

 

 

 

  • PSICOTERAPIA DE GRUPO

 

 

Mi trabajo está enmarcado en un Modelo Comunitario de Hospital de Día, donde los pacientes conviven durante 6 horas diarias, de lunes a viernes, durante los meses que dure el tratamiento (aproximadamente un año y medio). En el hospital de día, se realizan grupos terapéuticos con tareas diferentes, como Grupos Comunitarios, Terapia Ocupacional, Terapia Corporal, Terapia Escrita, Habilidades Sociales, Sesiones Familiares o Psicoterapia.

El equipo terapéutico sigue un modelo multidisciplinar, con reuniones semanales donde se ponen en común los problemas o avances que se dan en los grupos terapéuticos, con los pacientes y con sus familias.

 

Las características de los chicos y chicas que atendemos en nuestro recurso son adolescentes y jóvenes con diagnósticos diferentes, pero los sufrimientos comunes son: Inestabilidad, sentimiento de soledad, tristeza, dependencia, descontrol de los impulsos, impulsos de destrucción (dirigidos hacia dentro y hacia fuera), ambivalencia, intolerancia a la frustración, miedo al abandono, alta exigencia, fracaso escolar, dificultades en la relación con sus iguales, aislamiento, etc.

 

Voy a centrarme en mi trabajo en los grupos de psicoterapia. Como he dicho, mi trabajo en el Hospital de día, me ha permitido conocer el Grupo Operativo como una herramienta muy potente para acompañar al adolescente o al joven en esta transición tan conflictiva e importante para situarse en el mundo con menos angustia y sufrimiento.

 

La tarea terapéutica la podemos nombrar en el grupo de psicoterapia como: Pensar en voz alta y juntos sobre las cosas que les pasan y les preocupan, con la intención de contactar con lo que eso les hace sentir. Poder entender qué les ha pasado para llegar a venir al hospital de día y qué les impide hacer las cosas de un modo diferente.

 

En primer lugar, el Grupo Operativo convoca a un grupo de adolescentes para reflexionar sobre las cosas que les pasan a ellos. Allí, no solo se va a dar un compartir historias, si no que se juega algo mucho más profundo: Cada integrante vendrá con su forma de entender y colocarse en un grupo, su propio grupo internalizado: el familiar. Es decir, que se comportarán como si estuvieran en su propia familia o en su grupo de amigos, con los mismos modelos y expectativas sobre los demás. Tomando a Bauleo, diríamos que tratará de vestir el grupo externo, con los viejos ropajes del grupo familiar, del grupo de amigos, antiguos compañeros de clase… El rol que se les ha adjudicado su grupo familiar, va a repetirse en el grupo terapéutico, dando valiosa información sobre su modo de vincularse, repetición que aprovechará el terapeuta con el objetivo de que el paciente pueda flexibilizar su manera de estar en el grupo, y como consecuencia, en el mundo.

 

Podríamos decir que la finalidad de la Psicoterapia de grupo sería flexibilizar los roles en que uno se coloca en la vida, reduciendo la estereotipia que “enferma”, y permitiendo una mejor adaptación activa a la realidad, en palabras de P. Rivière.

 

Por último, me gustaría definir las posibilidades de trabajo que posibilita esta concepción:

 

  • El grupo funciona como un espacio de pertenencia, contención y apoyo, algo fundamental en todas las personas que necesitan ayuda, pero mucho más potente en adolescentes, donde su pertenencia a un grupo de iguales es fundamental para la separación familiar y su salida a la vida adulta.

 

  • Los adolescentes se caracterizan, entre otras cosas, por la dificultad de identificar lo que sienten. Muchas veces se les acusa de no hablar como forma de agredir al otro, pero sabemos, lo invadidos que se sienten por sensaciones a las que no pueden poner palabras. El grupo les posibilita identificar cómo se sienten al expresar algo y qué les hace sentir lo que otro compañero acaba de contar.

 

  • El trabajo grupal permite conectar las actitudes y síntomas con sus sentimientos de odio, rabia, culpa o envidia y buscar un sentido en relación a sus vínculos actuales o del pasado.

 

  • El grupo diversifica los movimientos transferenciales: con el grupo, el terapeuta y la relación con la tarea. Esto disminuye la relación transferencial masiva que se da en tratamiento individual, facilitando el trabajo psicoterapéutico.

 

  • Los integrantes del grupo ejercen una acción terapéutica muy importante entre ellos. Las intervenciones de los compañeros del grupo, producen menos resistencias y ansiedades que cuando son realizadas por el terapeuta.

 

  • El grupo facilita la elaboración de duelos, que en estos pacientes adolescentes son tan importantes, ya que facilita el proceso de simbolización.

 

  • Finalmente, el grupo facilita que los adolescentes se conozcan, y conocer bien al otro, significa conocerse a uno mismo. Por ejemplo, en un grupo una chica habla de la relación que establece con su cuerpo, cambiante, que no reconoce y al que tiene la necesidad de agredir porque no puede aceptar los cambios. Los integrantes del grupo no permanecen pasivos, le preguntan, piensan sobre qué tendrá que ver eso con la propia historia la chica, le dicen las cosas con sinceridad, sin paños calientes. Este “pensar en la historia del otro”, permite también ordenar el pensamiento y la historia de uno mismo.

 

 

 

 

Todo ser viviente debe morir un poco todos los días. Es decir, debe mutar, padecer la pequeña muerte celular que renueva y la vida.

Nosotros, los adultos, perdemos cada día un poco de nosotros mismos, de manera incesante e inadvertida.

Cuánto más terrible ha de ser este fenómeno en el adolescente, en quien todo tiene que cambiar a la vez, violentamente: el cuerpo debe desmembrarse, la infancia irse, y la cabeza, mareada, debe reconquistar penosamente su poder sobre el cuerpo.

J.D.N.

 

 

ADOLESCENCIA, Psicoterapia de grupo. Irene Sáez Larrán