JORGE MARUGÁN. SOBRE LOS SÍMBOLOS BINARIOS DE GÉNERO

Manifestarles, en primer lugar, mi adhesión a la propuesta del Free Wee Proyect de luchar contra la separación y el etiquetamiento público de las personas a través de símbolos  binarios en función de su anatomía.

Deseo presentarles algunas consideraciones que considero importantes sobre la cuestión a partir de la enseñanza del psicoanalista Jacques Lacan, sobre todo de su Seminario nº 20 que les recomiendo a todos, y que quizá podamos debatir después.

Alcanzar la identidad sexual para cualquier ser humano resulta un proceso complejo que articula una imagen de nuestro cuerpo con la que nos identificamos y que no tiene porqué corresponder a la imagen anatómica, unos símbolos culturales con los que nos identificamos y que no tienen porqué corresponder con los que cada cultura asigna a un determinado sexo y una orientación sexual, que no tiene porqué corresponder con una asignación previa de la genética o de la educación. Por lo tanto, como todos sabemos, se pueden dar todo tipo de combinaciones todas ellas igual de válidas.

No es necesario que establezcamos una dicotomía sexual llamada hombre/mujer o masculino/femenino con toda la carga imaginaria y cultural que eso conlleva. Pero sí, y aquí es dónde quizá podamos debatir, es necesario que haya dos lugares para inscribir la diferencia sexual. Si las identificaciones simbólicas e imaginarias pueden ser múltiples en función de la singularidad; los sexos, tomados como posiciones sexuales diferenciadas,  sólo pueden ser dos. Lo que no quiere decir que se pueda prefijar, etiquetar y menos normalizar esa adscripción.

Pero, ¿qué justifica y qué define esa diferenciación sexual en dos lugares? Ni la anatomía, ni la imagen, ni los valores o símbolos culturales, ni la orientación sexual… La definen dos posiciones respecto a la forma de gozar:

– Una posición se situaría ante el goce ubicándolo en un lugar concreto; limitándolo, contabilizándolo, unificándolo, haciéndolo renunciable y, por tanto, legislable. Lacan dirá que se trata del goce “justito”, lo llamará incluso del goce del idiota. La tradición intenta ubicar ahí al hombre porque el pene, como órgano de goce, tiende a señalar, ubicar y contabilizar el goce. Pero esta atribución es meramente cultural e imaginaria; cualquier hombre o cualquier mujer pueden situarse ahí.

– La otra posición también podrá gozar de esa manera limitada, pero no se situará del todo ahí, tendrá acceso a algo más: a un goce suplementario (que no complementario, insiste Lacan). Este goce suplementario va más allá de ese límite unificador. Con la particularidad de que no se puede contar, ni decir: es enigmático; y no queda anclado o limitado a una zona del cuerpo. Por lo tanto, esta forma de gozar no unifica, más bien diversifica al conjunto de seres que se sitúen ahí. La cultura, tradicionalmente, sitúa aquí a la mujer. Por eso ha hecho de ésta la encarnación de lo misterioso, lo enigmático y lo temible, incluso para ella misma. Pero no es cuestión de anatomía. Lacan, para ejemplificar este lugar de goce recurre a los místicos.

Pero, ¿por qué es necesaria, “estructural” y no cultural, la diferencia sexual? Porque cada uno de los dos lugares se constituye descompletando al otro. Haciendo de límite al otro y, por tanto, dándole consistencia, pues   no hay consistencia sin límite. Es decir, cada sujeto sexuado sostiene su relación con el goce en función de una diferencia y una falta respecto al otro lugar. Si el goce no se limitara aplastaría al sujeto. La falta, la castración como la llamó Freud, sostiene el deseo respecto al otro lugar y lo relanza, pues sólo podemos desear si algo nos falta. El goce está limitado por el encuentro con la sexualidad porque los cuerpos sexuados no pueden complementarse de ninguna manera, y menos complementarse a sí mismos. Hay uno y otro, y nunca formarán una unidad. La diferencia sexual es, entonces, necesaria; al igual que la conjunción sexual resulta imposible.

Que no haya goce pleno no se debe, por tanto, a ninguna prohición o manipulación cultural del sujeto, es una cuestión de estructura. Y es conveniente distinguirlo. Todos tenemos que afrontar ese encuentro con la diferencia. Eso sí cada uno a nuestra manera, desde la singularidad. No dejemos que nos la dicten, porque la supuesta “normalidad” del ser humano tan sólo es la excusa del amo de turno para seguir cobrando su beneficio.

PONENCIA JORGE MARUGÁN SOBRE LOS SÍMBOLOS BINARIOS DE GÉNERO.

MESA REDONDA FREE WEE PROJECT. 4 DE JULIO DE 2017.