Carlos Fernández Atiénzar. Una visión psicoanalítica sobre la herencia: La melancolía.

Jornadas abiertas “Psicoanálisis y Universidad” 27-4-2017

El estilo y la forma de escucha con el que trabajamos haciendo terapia, determina el curso de ésta y además es totalmente subjetivo, ya que surge de la elección de un modelo teórico por parte del terapeuta, por mucho que este modelo aparente una objetividad o esté validado por una supuesta fortaleza científica. Esta subjetividad es impulsada por el deseo, y ya sabemos que el deseo genuino es inconsciente.

A su vez, en el decir del paciente se escucha los padres interiorizados que éste tiene, que nunca coinciden con los reales, pero que son los que influyen verdaderamente en el psiquismo del paciente; al igual que todos los hijos no son iguales para los padres, nunca los padres tienen nada que ver como los piensa un hijo u otro, volviendo de nuevo a la subjetividad de la que antes hablamos.

Desde un modelo médico actual, la mayoría de los psiquiatras coinciden en afirmar que las depresiones melancólicas o endógenas y las psicosis maniacodepresiva (actual trastorno bipolar), presentan en su etiología una fuerte carga genética de raíz biológica y son los cuadros que presentan más antecedentes familiares de trastornos depresivos, suicidios y trastornos mentales diversos, seguido de la esquizofrenia. También se observan altos índices de casos en zonas rurales y aisladas, donde la endogamia se hace más patente.

Se establece, al menos en los trastornos más graves que están en relación con la Psicosis y la locura, el modelo más puramente médico de enfermedad con una etiología, una evolución, un pronóstico, un diagnóstico y un tratamiento habitualmente farmacológico. Si ya sabemos lo que va a pasar y cómo va a evolucionar el proceso, nos podemos olvidar con más facilidad del sujeto que tenemos delante.

La primera objeción y cuestionamiento es fácil; es el tremendo reduccionismo del sujeto, ya que se toma a éste por un cuerpo y se trata el déficit de serotonina que hay que corregir. Y esto ocurre en la práctica con preocupante frecuencia, prescindiendo incluso del modelo biopsicosocial que tanto le gusta apelar a la Medicina, pero del que luego prescinde, ya que lo psicosocial se obvia la mayor de las veces. Se borra de un plumazo las dinámicas psíquicas, las elecciones personales, la historia individual única que cada uno de nosotros vivimos, y por supuesto el Inconsciente, el más poderoso y renegado motor de la vida humana.

Si recurrimos a la escucha médica actual, recogiendo sin más los antecedentes familiares de depresión, y no nos acercamos a la historia subjetiva que el paciente ha construido sobre sus orígenes, perdemos al sujeto que tenemos delante y tomamos al paciente como un objeto pasivo al que corregimos y modelamos según las guías estandarizadas de tratamiento. Quién sabe, a veces viene bien para defendernos de la pulsión de muerte tan manifiesta de algunos pacientes graves y que se pone en juego en la transferencia. Quién sabe si el modelo médico actual, muchas veces nos sirve para defendernos y poner un límite, una barrera protectora a veces conveniente, a esa transferencia masiva de los pacientes psicóticos. Estaría bien pensarlo.

Desde el punto de vista psicoanalítico, la lectura sobre la herencia es diferente; efectivamente hay una transmisión que influye en la psicopatología, pero no es el factor genético biológico el causante de los trastornos, sino los lugares que cada sujeto ocupa en el entramado familiar, las identificaciones que se dan con un familiar y/o las tragedias sucedidas, o los secretos guardados…o simplemente el rol asignado al miembro familiar, consciente, o la mayor parte de las veces, inconscientemente. Hay una transmisión generacional de una historia que se va construyendo de manera intersubjetiva entre los miembros familiares.

En la melancolía, hay una repetición mortífera de Identificaciones masivas y globales a un miembro familiar que sufrió alguna tragedia, alguna historia triste; esas marcas que filian a veces a las familias de forma negativa; ”en nuestra familia los varones/mujeres se mueren jóvenes o de tal enfermedad, o los de la rama paterna/materna acaban en el Psiquiátrico…” esas familias malditas de los pueblos…una filiación que lleva la marca de Tánatos y que determina el Imaginario familiar. Pero también en esas familias, hay miembros que hacen su vida, que se quitan de encima esa marca negativa. ¿Por qué unos miembros de la familia no padecen ese trastorno?, ¿ por qué pueden hacer su vida, por qué se desmarcan de ese sello familiar?. Es importante fijarse bien en ellos, porque siempre tendemos a poner de relieve lo negativo, el sello de enfermedad de algunas familias. Pero hay que fijarse también en los indicios de salud y de vida, ya que nos puede dar pistas sobre lo que les está sosteniendo/ curando.

Creo que no hay una transmisión al azar, como apunta el modelo médico, de una probabilidad mayor o menor de padecer tal o cual trastorno, sino que hay una elección subjetiva a ocupar un lugar en la historia familiar propio y nuevo u ocupar un sinlugar ajeno, repitiendo mortíferamente una historia antigua y de otro.

En la historia familiar de los melancólicos, si escuchamos con esmero, en el decir del paciente y cómo cuenta o le han contado sus ancestros la historia familiar, encontramos algún suceso en conexión con la pérdida y la tramitación de ésta. Pero hay una particularidad; no es una pérdida cualquiera, es una pérdida cuando no toca. Un evento traumático inusual, difícil de simbolizar; un accidente, un suicidio, una guerra, una ruina, un desarraigo, un éxodo…algo que descoloca el orden y hiere de muerte el narcisismo familiar. Al herir este narcisismo, el suceso se oculta por vergüenza y puede generar un secreto (lo no dicho, pero sabido) que tiene en el Inconsciente su mejor aliado, ya que se transmite un sentimiento de culpa, una deuda pendiente de la que se hace cargo inconscientemente y que paga de diversas maneras con su propia vida.

Sin embargo, quizá lo más importante no es la pérdida en sí misma, sino la forma de tramitarla; si el duelo es la forma neurótica de tramitar la pérdida, en la melancolía esta pérdida se tramita de forma narcisista, es decir no se tramita/simboliza, porque va en contra de la misma naturaleza del narcisismo, que no puede perder nada, es la completud, la omnipotencia.. Y aquí interviene muy significativamente la estructura familiar; familias muy adheridas entre sus miembros (familias que se enorgullecen de “ser una piña”), con mucha dificultad de diferenciarse y hacer su propia vida; se hace así patente la endogamia y la salida a lo social es dificultosa. Familias muy pegadas a la tierra, al campo, a lo rural…Familias con marcas y agujeros sin simbolizar que señalan su identidad de esta forma. Esa dificultad de tramitar las pérdidas y las separaciones se transmite de una generación a otra. Se hereda algo no elaborado, una deuda por saldar, una identificación a algo que es de otro y que no se ha podido subjetivar en las generaciones anteriores. Esa búsqueda de sentido constante que humaniza la vida, no se ha encontrado en los casos graves de melancolía y otras psicosis. La Ciencia explica, pero el ser humano necesita comprender y la explicación científica solo sirve en Matemáticas, Física y poco más.

La herencia, viene a decir Recalcati en su libro “El complejo de Telémaco”, no es un movimiento pasivo en el que se transmiten identificaciones o genes; es más bien un movimiento activo y recíproco de reconquista de la herencia. Hay una subjetivación de ésta, en el que el padre ofrece algo que el hijo puede o no recoger. Y esa responsabilidad subjetiva, esa elección, es la que rompe con ese determinismo fatalista (tanto biológico como psicoanalítico). La herencia sana, neurótica, erótica, es decir la herencia de vida, es la que ofrece el padre como el testimonio de que la vida merece la pena vivirla, encarnando él mismo esa opción. Aunque lo que se ofrezca sea pulsión de muerte, siempre hay algo en conexión con la vida y tenemos la responsabilidad de aferrarnos a ella.

Es esta subjetivación de la herencia la que humaniza al ser. La visión médica actual reduce el ser al cuerpo y estima la herencia como una probabilidad al azar de padecer un trastorno, borrando la subjetividad y mostrando un ser pasivo, a merced de la fatalidad de la enfermedad y/o de la capacidad salvadora del médico omnipotente.

Hasta el melancólico puede elegir “entre la pena y la nada, elijo la pena” (Faulkner, Las palmeras salvajes)

Telémaco: “Si a todo alcanzara el poder de los hombres mortales, yo primero eligiera el regreso del padre querido” (Homero, La Odisea)

 

Una visión psicoanalítica sobre la herencia: La melancolía

Autor: Carlos Fernández Atiénzar. Psiquiatra y Psicoterapeuta