Discurso de despedida de nuestro profesor Agustín Genovés

LEER A FREUD

“Cada generación debe partir de algunas ideas que la generación anterior ofrece, sobre las cuales no sólo sostiene sus certezas sino sus interrogantes, ideas que le sirven de base para ser sometidas a prueba y mediante su deconstrucción propiciar nuevas ideas. Cuando esto se altera, cuando se niega a las generaciones que suceden un marco de experiencia de partida sobre el cual la reflexión inaugure variantes, se las deja no solo despojadas de historia sino de soporte desde el cual comenzar a desprenderse de los tiempos anteriores.”Silvia Bleichmar

Es difícil decirlo mejor con menos palabras y contrasta con alguna literatura analítica que tiene más palabras que contenido.

Yo voy a “deconstruir” la cita anterior. Y para comenzar diría no hay adanes, todo pensador por más original que sea parte y se apoya sobre las espaldas de otro, anterior. Pero tenemos que distinguir esto de la repetición acrítica que no “somete a pruebas” a las certezas heredadas. No es lo mismo el apoyarse para dar un salto del quedarse apoyado.

Lo primero es movimiento histórico en el que se realiza el ser humano, lo segundo el tiempo congelado, el aburrimiento. Lo primero el pensamiento en movimiento; lo segundo el estancamiento.

Dicho de otro modo se parte de certidumbres anteriores pero para ponerlas a prueba, “deconstruirlas”, quiere decir que tiene que haber un tiempo de ruptura, tiempo fértil. Si esto se da estamos ante un pensamiento vivo. En el pensamiento vivo se vislumbra el movimiento, las dudas del que va pensando y que cada verdad anterior culmina en un nuevo interrogante surgido de los restos de la certeza anterior. Restos vivos y no escombros porque en parte pueden encontrarse formando un nuevo aspecto de la certeza posterior, en el cañamazo de las nuevas verdades qué, a su vez serán deconstruidas posteriormente.

Con lo dicho pretendo referirme al pensamiento de Freud para tomar el título de mi charla. En la lectura de una obra tan extensa podríamos, aunque sea solo a los fines expositivos, distinguir algo así como un continente y un contenido. Ampliando la metáfora diría el continente es el instrumento y el contenido, el producto. El continente-instrumento es el pensamiento y el producto los conceptos, las hipótesis que podrán o no concretarse en un cuerpo teórico si sucesivas experiencias les dan fuerza.

Freud se apoyó sobre muchas espaldas que le precedieron y produjo su propia síntesis cuestionando algunas ideas anteriores, aceptando otras y rechazando muchas. De esta metabolización brotaron interrogantes que abrieron un campo desconocido anteriormente, la ruptura epistemológica freudiana; ruptura con lo anterior y apertura hacia el futuro. Sabía que, el conocimiento absoluto era imposible pero sí un acercamiento hasta cierto punto, era un agnóstico relativo en el campo del conocimiento y esto es fundamental porque alguien que piensa de este modo sabe y acepta que nunca abarcará todo, con lo que deja una base sobre la que otros se van a apoyar para seguir adelante en ese trayecto sin fin que es el conocimiento. Dejó un campo abierto, unos surcos para que otros después los transitaran. Dejó una puerta abierta; jamás pretendió hacer una síntesis final y abarcativa. Lo que dota a su obra de una cierta ambigüedad estructural que es, probablemente, su mayor riqueza.

Ambigüedad estructural que muestra la existencia de más interrogantes a desarrollar que certezas a trasmitir. Siempre me llamó la atención un recurso dialéctico que ensayó en algunas ocasiones: el inventarse un discutidor con el que inauguraba una controversia. Se diría que era el intento de adelantarse a críticas posibles pero también un diálogo con sus propias dudas

Lo que quiero decir es que en la lectura de su obra asistimos al desarrollo de un pensamiento vivo, un pensamiento que se desenvuelve haciéndonos testigos de sus impasses, de las dificultades que encuentra y las soluciones, muchas veces provisorias, que adopta. Para mí la lectura de la obra freudiana tiene dos aspectos a considerar. A uno lo llamaría informativo y, al otro, formativo. Este último es un modo de pensar, de escuchar, de interrogar al síntoma siempre dispuesto a sacar conclusiones y a modificarlas cada vez que nuevas experiencias las contradicen.

Uno no puede aprender de memoria todo el contenido informativo de su obra pero sí puede aprender las líneas maestras de su pensamiento una manera en las que lo desconocido, la duda van siempre por delante.

En los ambientes formativos se debate si es mejor una lectura temática u otra cronológica. Creo que la alternativa no es válida pero sí que la que tiene prioridad es la cronológica, porque no disocia la historia de un pensamiento que se va desarrollando en espiral, sino que va mostrando en un hilo conductor sus y que se desenvuelve en un contexto. Todo texto tiene un contexto y este último es importante, si es que no fundamental, para la comprensión del texto. Y el contexto está formado por los distintos problemas que aparecen ante la preocupación del observador, no es lo mismo tratar de entender las neurosis que interesarse por las psicosis, de este cambio surgió el concepto de narcisismo que tan trascendente fue a partir del año 14 y que hizo crujir la primera teoría de las pulsiones y estallar el marco de la primera tópica, es indudable que el interés por nuevos hechos a estudiar tiene que ejercer efectos sobre lo ya pensado, también el momento vital por el que está pasando el autor junto a las circunstancias culturales e histórico-sociales se reflejan en ese contexto. En este aspecto, y solo para poner un ejemplo se puede resaltar el efecto que tuvo la primera guerra mundial y que se refleja en aquel artículo de 1916 titulado “De guerra y de muerte” y que será uno de los afluentes que nutrirán la teoría de la pulsión de muerte y también las conclusiones finales sobre la cultura en “El malestar en la cultura” de 1930.

La ambigüedad estructural mencionada ha dado origen a distintas corrientes postfreudianas que apoyándose en alguno de los aspectos de su teoría y no de otros, la han desarrollado enriqueciendo el pensamiento psicoanalítico. Pienso que estas elecciones posteriores tiene que ver con el campo de observación que cada una de ellas eligió y que encontró en un aspecto de la obra freudiana un apoyo mayor que en otros para la comprensión de lo que observaba, un ejemplo sería la corriente que inauguró M. Klein y que dio origen al psicoanálisis infantil. Y, con anterioridad los aportes importantes de Ferenczi.

Además del aspecto mencionado están los epistemes previos que cada autor tiene y desde los que interpreta la observación.

Por otro lado también la ambigüedad ha originado disputas acerca de quién es más freudiano y quien menos o quien lo comprendió mejor o quien no lo entendió. Algunas veces observamos que estas disputas se originan en una ignorancia del hilo conductor que mencioné y que solo se percibe en una lectura cronológica, que nos muestra que Freud dijo cosas contradictorias en diferentes momentos según la fase de la evolución de su pensamiento y de los problemas que enfrentaba.

Como todos Uds. saben mi actividad docente se ha desarrollado en torno al pensamiento freudiano y no porque ignore la obra de autores posteriores sino porque me ha interesado siempre esa vitalidad de su pensamiento que forma parte del suelo sobre el que se apoyaron los que pensaron después de él. Fuera del campo  específico del psicoanálisis también sus reflexiones han infiltrado campos vecinos como la medicina, la educación, la sociología, la literatura y el arte. Prueba la actualidad y vitalidad de su pensamiento.

Por todas estas razones creo que hay que leer a Freud.

Agustín Genovés. Discurso de despedida en el acto de despedida de la XX Promoción de alumnos del master