GERARDO GUTIÉRREZ. UN ACERCAMIENTO PSICOANALÍTICO A LOS CUENTOS POPULARES (II)

2. El interés de estos cuentos

El ser humano está a merced de la lengua y, simultáneamente, a merced de las imágenes, especialmente de la imagen del semejante, de ese otro que conforma nuestro yo.

El resultado de esta doble dependencia es bien distinto:

En el registro de las imágenes se configura el yo en relación con los otros, con los semejantes. En esta identificación imaginaria el yo es el agente de la identificación. Se identifica con los semejantes a los que, previamente, ha colocado en el lugar del ideal.

Simultáneamente, en el registro de los significantes, el conjunto de éstos, investidos, libidinizados por el Otro de cada uno, nos representa, nos significa, nos identifica.  Ahora bien, el resultado de esta identificación simbólica es el sujeto ($). Sujeto del inconsciente que no debe ser confundido con el yo.

Y este sujeto del inconsciente no es el agente, es el resultado, el producto de la identificación.

Es el sujeto del lapsus, del sueño, del síntoma. No es un ser -material, consistente y permanente-; por el contrario, es fugaz y evanescente. Y su constatación consciente siempre es a posteriori, cuando ya no es, acompañada de desconcierto e incomodidad. Así, en el lapsus (¿por qué dije eso?); en el sueño (¿quién hizo este sueño?); en el síntoma (¿por qué se produce esto?)

Esta subjetividad es inconsciente. Se trata del $ de las formaciones del inconsciente. El $ del deseo inconsciente. Cuando en psicoanálisis hablamos de deseo, se trata de un deseo que no sabemos que deseamos, deseo inconsciente deseado por $ o, más valdría decir, deseo que produce a ese $.

Querría ilustrar esta noción, adelantando ya su vinculación con los textos, mediante una referencia admirable de Claude Lévi-Strauss. En su introducción a Mito y Significado, dice:

Creo que es significativo el hecho de que ni siquiera tengo la sensación de haber escrito mis libros. Por el contrario, siento que los libros son escritos a través de mí y luego, cuando terminan de atravesarme, me siento vacío: nada ha quedado en mí.

(…) Nunca tuve, tampoco ahora, la percepción del sentimiento de mi identidad personal. (…) Cada uno de nosotros es una especie de encrucijada donde suceden cosas, encrucijadas que son puramente pasivas: algo sucede en ese lugar. (1986, 21 y 22)

 

  • Decíamos que el ser humano estaba a merced de de la imagen del semejante y que esta imagen está en la base de la constitución del yo. Pero también esto trae una servidumbre: la alienación, la inevitable dependencia, del yo respecto a los otros.
  • Y veíamos que también está a merced de los significantes del gran Otro. Es obvio que esto supone servidumbre y dependencia. Creo que Lacan habló, en su primera teoría del sujeto, correspondiente a la primacía de lo simbólico, de la mortificación del sujeto por el significante amo.
  • Más adelante, Lacan, tras centrarse en la importancia de la libido freudiana, presentará un sujeto sometido a la satisfacción en exceso, al goce; un sujeto llevado de acá para allá por su fantasma de goce.

Estos diferentes ángulos para ver al sujeto humano –que responden a los registros imaginario, simbólico y real– irán apareciendo en los comentarios que haremos sobre los cuentos populares.

Una primera idea que se desprende de lo dicho hasta aquí: lo importante en los cuentos (desde la perspectiva de la “producción” de sujeto) es lo que tienen de significante (sin sentido, repetido, no intencional, dentro de un conjunto de otros cuentos) y mucho menos lo que tengan de presentación vistosa, de imágenes llamativas, de personajes hermosos o feos en su apariencia, etc. De ahí las críticas que se pueden hacer a los cuentos ilustrados (Walt Disney) o, incluso, a los recopiladores que los embellecen o los moralizan, etc.

Estos relatos, estas historias, forman estructura psíquica. No son sólo cosas que contamos, sino que ellos “nos cuentan” a nosotros. “Dicen” de nosotros. Nos conforman.

Lo simbólico no sólo nos transmite contenidos, nos transmite la estructura y dinámica que tomarán en nosotros esos contenidos. No sólo nos transmite qué pensar sino cómo pensar. Con lo que eso pueda tener de positivo y de negativo

(…)