F. Javier Montejo Alonso. BUDAPEST 1918: PSICOTERAPIA PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA (última)

Por su parte, Ferenczi logra además la presencia de Rank en Budapest, para finales
de agosto y, aprovechando ciertas dificultades que las autoridades militares ponen para viajar a Alemania, propone celebrar el congreso en Budapest sin consultar a Freud (y tampoco a Abraham):
«El alargamiento del proceso y la cada vez peor perspectiva de conseguir una resolución
favorable a la solicitud que le había dirigido al médico del estado mayor Dr.Frisch
en el Ministerio de Guerra, cuestionaba aún la posibilidad de celebrar nuestro Congreso. Cuando hice la propuesta de celebrarlo en Budapest, estaba correspondiendo sólo al
deseo secreto de Rank y del Dr. Freund. Decidimos entonces en petit comité obrar por
nuestra cuenta; telegrafiamos «a todos» los interesados e iniciamos los preparativos para el «Congreso Psicoanalítico de Budapest». Habría costado mucho tiempo consultarlo
con usted; también sabíamos que usted solía contestar en estos casos: «¡Me mantengo al
margen!». A la Srta. Annerl41 se lo comunicamos por telégrafo» .
Freud da por buena la acción de Ferenczi, pese a que ello ponga en riesgo incluso
la asistencia de Abraham:
«Estoy enterado de todo, y voy a escribir con suma urgencia la contestación a su
carta para que el correo puedan llevársela.
El cambio del Congreso es favorable en todos los sentidos, salvo por el riesgo de
que no vengan los alemanes. Ya veremos. Me parece muy provechosa la presencia de
Rank en Budapest».
En esa fecha, 13 de septiembre, aún no está confirmada la celebración del Congreso
en Budapest, y Ferenczi está preocupado por la actitud de Freud, que no termina
de comprometerse:
«Tanto Rank como el Dr. Freund se encuentran muy incómodos porque todavía no
ha llegado su consentimiento a nuestra acción, manifiestamente decidida. Espero que
comprenda que apenas cabía otra posibilidad para no arriesgar la propia celebración del
Congreso. Pesa a las numerosas consultas hechas al Ministerio de la Guerra, el Dr.
Sachs no ha podido darnos ninguna noticia positiva; es dudoso que los médicos militares
obtengamos el tiempo libre para celebrarlo. El Dr. Freund citó la afirmación —jocosa—
de usted (que había oído de la Srta. Annerl) de que esperaba poder quedarse en Lomnicz
hasta finales de septiembre en caso de que no tuviera lugar el congreso de Breslau.
Tranquilícenos, por favor, cuanto antes».

Tenemos constancia, a través de otra carta de Freud a Ferenczi, de que la celebración
del Congreso en Budapest estaba ya confirmada el 17 de septiembre:
Ahora ya debe de estar tranquilo sabiendo que el cambio de la sede del Congreso no me viene mal. El pequeño desengaño que adivinó tiene su origen en la supresión del
viaje a Schwerin, que ha resultado imposible por otros motivos.
Mi única preocupación era que no pudiéramos contar con la presencia de los alemanes,
en cuyo caso Abraham no había disfrutado de su presidencia ni siquiera dirigiendo
el Congreso. Pero Freund, me ha despejado esta duda; según él, las visitas a lugares
fuera del territorio del imperio serán, más bien, fáciles.
Con menos simpatía veo las alusiones de parte de ustedes sobre su intención que
subraya el carácter solemne y oficial del Congreso.
En cualquier caso, no voy a contribuir a ello y me mantendré totalmente «pasivo»
en todas las alocuciones, recepciones, etcétera. Le ruego también que, por favor, inste al
Dr. Von Freund que contenga su inclinación a la hospitalidad generosa, ya que así daría
de su persona justo la impresión que, con razón quiere evitar».
Curiosamente, Freud no había tenido tantos reparos anteriormente respecto a la
actitud de Von Freund, cuando el «impresionado», «agasajado», y «seducido» había
sido él. Y mucho menos para comunicárselo a Abraham:
«La recepción que mis nuevos amigos me hicieron en Budapest fue encantadora
(…) Una buena participación en el mejoramiento de mi estado de ánimo la asigno a las
perspectivas que se han abierto en Budapest para el desarrollo de nuestra Causa. Estaremos materialmente fuertes, podremos mantener nuestras revistas y ampliarlas, ejercer influencia; nuestras actuales penurias tendrán fin. La persona a la que tendremos que agradecer esto no es solamente un hombre rico sino además de gran honestidad, intelectualmente sobresaliente, muy interesado en el psicoanálisis; en una palabra, la persona que habría de inventar sino existiera ya. La mala fe de su parte está fuera de cuestión. Es doctor filosofía, pero se dedica a fabricar cerveza (…)Pienso que Sachs ya le contado algo sobre el doctor Freund, a quien se refiere mi descripción. Verbalmente tendrá más cosas que decirle al respecto. Es esperable que Budapest se convierta en la sede central de nuestro movimiento».
No sabemos cuando se enteró Abraham del cambio de sede del Congreso, pues
no consta en ninguna carta ni circular, pero desde luego se enteró cuando este cambio
ya estaba realizado y aceptado por Freud.

Una de las consecuencias inmediatas de la celebración del Congreso en Budapest,
será el relevo de cargos en la Asociación Psicoanalítica Internacional: Ferenczi
releva a Abraham como Presidente y Von Freund es nombrado Secretario. Budapest
toma claramente la delantera sobre Berlín cuando Freud da el pistoletazo de salida
de esta carrera, el 29 de septiembre de 1918.
En el trasfondo de esta competencia, hay bastante más que la lucha de dos discípulos,
y amigos, por ganar la primacía frente a su maestro. En esta competencia, se repite
la lucha que una década antes enfrentó a vieneses y suizos (Adler-Stekel/Jung), por
convertirse en sede del movimiento internacional, y, sobre todo (aunque eso aun seguramente no era perceptible para ninguno de los protagonistas), dos maneras bien diferenciadas de entender la formación de los analistas. Es la primera «batalla por la
formación». Más adelante, esta batalla por la formación va a determinar un tipo u otro
de analista, marcando el grado de compromiso social de las instituciones psicoanalíticas.
De esta batalla, y de sus resultados, dependerá probablemente la historia del psicoanálisis,
al menos, hasta la irrupción del fenómeno Lacan. Pero esto es ya otra historia
o, más bien, otro capítulo de esa historia de familia, que el psicoanálisis aún no ha escrito.
Es la historia de un psicoanálisis joven, apasionado, comprometido y vehemente. De
aquellos peculiares, soñadores y sensitivos, como los llamó Anna Freud. Un psicoanálisis
que se preparaba para conquistar y transformar el mundo. Un psicoanálisis que vio
cómo cuando sus sueños empezaban a ser realidad, la realidad se convertiría en una
auténtica pesadilla. Para entonces estamos en enero de 1933 y Adolf Hitler, acaba de
ser nombrado Canciller de la República de Weimar.