GERARDO GUTIÉRREZ. UN ACERCAMIENTO PSICOANALÍTICO A LOS CUENTOS POPULARES (I)

Introducción

Quiero referirme a la investigación psicoanalítica en un campo muy definido: el de los productos de la cultura popular de tradición oral.

Lo que yo he trabajado durante años son los cuentos populares[i] pero doy por sentado que hay otra serie de productos de géneros afines que podrían ser trabajados con una metodología análoga.

El punto de partida de mi interés por el tema fue el escándalo, la incomodidad, como psicoanalista, ante un buen número de trabajos que se dedicaban a hacer, supuestamente, psicoanálisis de los cuentos populares, o de hadas, como el libro más conocido de Bruno Bettelheim, con ausencia total de método, sin que se pudiera encontrar nexo alguno con la actividad habitual del analista.

En ellos todo parece quedar librado a la capacidad del autor para interpretar símbolos, para intuir significaciones, etc.

La pregunta que yo me hice, una y otra vez, tomó esta forma: ¿qué me autoriza para aplicar el psicoanálisis al estudio de los cuentos populares? ¿es el psicoanálisis aplicable al estudio de estos textos orales? ¿bajo qué condiciones?  Entiendo que estas mismas preguntas podrían formularse respecto a otras producciones humanas, el cine, la pintura, el arte en general. Pero como es un campo muy complejo referiré mis afirmaciones, exclusivamente, a las manifestaciones, como he dicho antes, de la cultura popular y de transmisión oral.

Me dije que si el psicoanálisis ha justificado su aplicación y eficacia en el medio clínico, bajo las conocidas condiciones de posibilidad (asociación libre del paciente, escucha del analista, transferencia, interpretación-construcción), para poder aplicar el psicoanálisis a los cuentos habremos de demostrar que se puedan dar de alguna manera estas condiciones.

Dividiré este trabajo en cuatro partes:

  1. Definir las características formales que identifican el objeto de estudio (los cuentos populares en este caso)
  2. ¿Qué interés puede tener el estudio de estos cuentos?, desde la perspectiva del psicoanálisis. (Esta parte, aunque no es imprescindible para presentar la metodología, tiene un peso importante como justificación del trabajo de análisis que nos proponemos)
  3. Hacer ciertos comentarios sobre la aplicación del método psicoanalítico al análisis de los cuentos populares
  4. Ilustrar esta propuesta con algún ejemplo de análisis

 

  1. El objeto de estudio.

Pienso en dichos, relatos, historias que vienen teniendo un sentido fijo y que se repiten, de antiguo, en determinada comunidad.

Refranes, cuentos, romances, mitos actuales o clásicos, etc.

Sus personajes suelen ser conocidos y sus características suelen ser familiares a los miembros de la comunidad.

Pero, sobre todo: esos dichos o relatos han llegado a tener autonomía respecto al juicio o a la opinión. Lo que algunos autores han llamado cooperación textual.  Es decir, los sujetos, de esa comunidad los repiten sin reparar mucho en ello, dicen sin saber bien lo que dicen.

Lo mismo podríamos decir de los miembros de esa comunidad que son sus destinatarios, niños o adultos. Disfrutan, sufren, se atemorizan… sin saber bien lo que están escuchando cuando los oyen.

Creo que tenemos todo derecho a considerar como significantes (en el sentido lacaniano)  a un buen número de esas producciones, en función de su escasez de significado, de su carácter enigmático, de su riqueza potencial de significación y de su repetición.

Nasio establece tres criterios para identificar al significante:

  1.  expresión involuntaria de un ser hablante (dice de él, le representa, sin que él pretenda hacerlo)
  2. desprovisto de sentido  (tiene carácter de enigma)
  3. ligado a un conjunto de otros significantes (nos representa pero para otros significantes, como se ve bien en el lapsus)

Pues bien, el conjunto de los significantes  forman parte de lo que podríamos llamar lo Simbólico. Aunque luego lo simbólico pueda quedar velado por lo imaginario.

Considero que este acervo cultural popular forma parte, o está inscrito, en el registro simbólico, entendido aquí como el Otro de la lengua, el Otro del saber. Un saber que recoge una parte  de los ideales del yo de los miembros de esa comunidad. La cultura tradicional (escondida con frecuencia en lo escrito, en la literatura más clásica) forma una parte de lo simbólico de cada uno.

Caracterizaré más concretamente los productos de la cultura de tradición oral a los que me refiero. Reúnen una serie de características:

  • Carecen de autor al que se le pueda atribuir una intención. Son “de nadie”  y “de todos” (característica fundamental)
  • Enigmática su repetición y, con frecuencia, su contenido
  • Enigmática también, pero muy significativa, su vigencia temporal y su extensión geográfica que instala habitualmente al tipo en un conjunto variado de versiones
  • En el relato no hay primera persona, salvo en ciertas fórmulas finales que ya están fuera del relato mismo
  • Ausencia de descripciones
  • No hay caracterización de personajes. A lo sumo un rasgo (bella, pequeño, malvada, color de su caperuza, judío, etc.) o una mención de su categoría social (princesa, cuidadora de gansos, leñador…)
  • Indeterminación espacio temporal que suele ir refrendada por alguna fórmula que abunda en la indeterminación
  • Realismo-irreal  (aparecen conflictos normales de la existencia, pero contados en forma irreal) No son mágicos, ni siquiera maravillosos. A lo sumo semimaravillosos (R.Almodóvar)

Esto no quiere decir que no tengan otras características: variables sociales, lingüísticas, temporales, moralistas, etc. Pero son las anteriores las específicas, las generalmente invariables.

Diré, de acuerdo con Pisanty que  lo que distingue al cuento de los otros géneros no son los contenidos en sí, sino el tipo de recepción que el cuento favorece mediante los artificios formales que acabo de caracterizar.

Todo se dispone así para que se produzca la cooperación textual del oyente o del lector que inhibe la posible crítica que, en otro contexto, producirían las características enumeradas.

El receptor del cuento tradicional acepta bien la ausencia de lógica, o la lógica “otra” de estos textos.

Y la significación de los mismos será inseparable del singular acto oyente o lector, de cada receptor concreto. Teniendo en cuenta que el sujeto que se acerca al texto es, a su vez,  producto de una pluralidad de otros textos. Es, él mismo, un texto infinito (Rodríguez Almodóvar)

Quiero resaltar la dignidad que, en tanto objeto de estudio, tiene la cuentística popular. La cuestión de los cuentos populares, incluida en el panorama amplio del interés por el folklore, es antigua y compleja. Ha suscitado mucho interés desde vértices distintos y ha dado lugar a diferentes maneras de clasificarlos y estudiarlos. Las más importantes:

  • En función de la estructura-contenido: escuela finlandesa. Inti Aarne y Stith Thompson. Clasificación taxonómica. Índice de tipos y motivos. Es un criterio insuficiente y discutido pero, en cualquier caso, enormemente útil para entenderse en un campo tan extenso. La definición de tipo y motivo considero que es utilísima.

En esa línea, y referidos a los cuentos españoles, están el Índice de Boggs y el Catálogo de Camarena y Chevalier

En nuestro país ha habido en el XIX y XX importantes estudiosos del folklore en general y de los cuentos folklóricos en particular: Fernán Caballero, Machado Álvarez, Aurelio M. Espinosa (padre e hijo), Rodríguez Almodóvar, Julio Camarena, etc.

  • En función de la estructura: La Morfología del cuento de Vladimir Propp (concepto de función)
  • En función del criterio interpretativo: la lectura etnológica (Las raíces históricas del cuento. Propp), la lectura psicoanalítica (Fromm, Bettelheim, Robert, etc), lectura junguiana, lectura mitológica, etc.
  • En función del contenido: maravillosos, de costumbres, de animales.

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