Gerardo Gutiérrez. Por qué el Psicoanálisis?

Conferencia de Gerardo Gutiérrez dirigida a los estudiantes del grado Psicología

Presentación del ciclo “Los síntomas contemporáneos a la luz del Psicoanálisis”

Facultad Psicología (UCM)  15.12.2015

En primer lugar, quiero deciros que me encanta estar aquí. Que me encanta estar con todos vosotros. Estoy donde he estado 44 años de mi vida.

44 años hablando más o menos, mejor o peor, de Psicoanálisis. En las asignaturas de  Psicodiagnóstico, de Teoría Psicoanalítica, en Habilidades del Terapeuta o en Técnicas de Psicoterapia.

Incluso en Psicología de la Personalidad o en la asignatura de Psicosis en el Máster en Psicología General Sanitaria. También allí hablé de Psicoanálisis, o desde el Psicoanálisis, cuando ya había desaparecido todo rastro de él y de la Psicoterapia en el actual plan de estudios.

Son todos los ámbitos en los que me he movido en esta casa a lo largo de mi vida docente.

Y por qué he sido siempre portavoz del Psicoanálisis?

Porque creo que el Psicoanálisis hace bien en una carrera como esta. Es un contrapunto, es un cuestionamiento permanente para la Psicología, porque pone de manifiesto sus límites, señala aquello que la Psicología no ve o no oye, o no capta.

Y no lo capta porque su método no le permite percibir muchas e importantes manifestaciones de lo humano, dado que estas manifestaciones lo son de forma indirecta, disfrazada, no objetivable.

Es una cuestión de método. El estudio y la intervención sobre el comportamiento exige un método. El estudio e intervención sobre los conflictos y sus motivaciones no conscientes exige otro.

Como es obvio, el método debe reunir ciertas condiciones de homogeneidad con el objeto que pretende estudiar. Es el objeto a estudiar lo que determina el método a usar, no al revés.

Os pongo un ejemplo sencillo: una persona tiene una pareja tras otra, muchas,  y todas estas experiencias de pareja acaban mal. Con el consiguiente sufrimiento por su parte. ¿Cómo entenderlo? ¿Como una falta de habilidades sociales? ¿Como el resultado continuado de su mala suerte? ¿Como la expresión de su desastrosa capacidad para hacer buenas elecciones? ¿Cómo un aprendizaje negativo?

No lo plantearíamos como una incapacidad o una mala suerte, como algo vivido de forma pasiva, sino como algo buscado de forma activa, aunque sin conciencia de ello. Y nos preguntaríamos y le incitaríamos a que ella, o él,  se lo pregunte a su vez, qué le tiene enganchado en esta repetición de la que no puede salir.

Y es muy importante dilucidarlo, porque si actuamos, como terapeutas, sin saber qué le pasa, podemos meter la pata o hacerle el juego a su síntoma.

Otro ejemplo bien frecuente: unos padres acuden a consulta por el fracaso escolar de su hijo. Si no nos quedamos enganchados en la literalidad de la demanda de esos padres, sino que escuchamos, no sólo la demanda sino también al demandante, podemos distinguir cómo es la relación entre esos padres y ese hijo.

Imaginad por un momento que fueran unos padres que siempre han impuesto al hijo sus deseos, deseos dirigidos al bien del hijo desde su punto de vista. Pueden incluso ser unos padres “modélicos”. El hijo no ha tenido otra opción que satisfacer el deseo de ellos: ser buen chico, hacer lo que ellos consideran que es bueno para él….  Mientras, se va ahogando en esos incuestionables deseos de los padres.

Pudiera ser que la única forma de hacer obstáculo a ese deseo aplastante sea contrariarlo, “sin querer”. El fracaso escolar puede ser ese obstáculo.

Si así fuera y el terapeuta se empleara en corregir el fracaso escolar del chico, sin poner de manifiesto lo que este fracaso puede querer denunciar, estaríamos en una suerte de alianza ciega con el deseo paterno y haciendo un flaco favor a los deseos de autonomía del chico. Aunque estos estén mal expresados, a través de su fracaso

(Os aconsejo, de paso, que intentéis ver una película de Martial Fougeron: Mi hijo, 2006.  Y otro consejo: si  queréis ser terapeutas ved buen cine y leed buena literatura. Es una fuente inagotable de formación)

Continuamos: porque una cosa es el síntoma, la conducta desajustada (habría que preguntarse desajustada respecto a qué), y otra, importantísima, es la función del síntoma.

Como en las películas de detectives: ¿a quién o a qué beneficia el síntoma? ¿qué puede pretender el sujeto con ello?

El Psicoanálisis no se precipita a una acción correctora (ya la palabra suena fatal) sin saber cuáles son los beneficios primario y secundario del síntoma. De este asunto hablaremos en la primera conferencia del ciclo que hoy presentamos.

Sabiendo que hoy venía a hablar con vosotros, de una manera especial con estudiantes de grado de Psicología, me he preguntado ¿por qué me gusta el Psicoanálisis?  Y voy a intentar decíroslo.

En primer lugar, porque tiene una visión de conjunto de la persona, visión que incluye su funcionamiento consciente, deliberado, y también aquello que el sujeto hace, o piensa, “sin querer”  e, incluso, aquello de lo que no tiene ni idea ni puede tenerla, aunque lo intente.

En Psicoanálisis diríamos que son importantes el funcionamiento consciente, el que no es consciente pero puede serlo con cierto esfuerzo, y el funcionamiento inconsciente.

A su fundador se le reconoce, no por el descubrimiento de lo inconsciente, cosa que era conocida desde mucho antes, podríamos decir que desde siempre, sino por desentrañar la forma de su funcionamiento.

Siempre me ha atraído echar mano en este punto de una observación que hizo el propio Freud cuando, en los inicios de su carrera, presenció en el consultorio de Bernheim una experiencia de una orden posthipnótica. Creo que sabéis a qué me refiero: el hipnotizador avisa al sujeto, que está bajo hipnosis, que va a proceder a despertarle; pero que una vez  despierto, a los cinco minutos, el sujeto realizará una acción determinada, sin ningún sentido lógico, y no recordará que él se lo ha ordenado.  Y así ocurría, punto por punto.

Y concluyó con esta pregunta: ¿cuál puede ser la naturaleza de una representación –la orden del hipnotizador- que, no estando en la conciencia del sujeto, es sin embargo eficiente, produce efectos en su conducta?

(Esto con independencia de lo que sea la hipnosis)

Esta es la idea que quiero transmitiros: muchas de nuestras conductas, sentimientos, creencias, están gestadas, parcialmente al menos, desde un registro desconocido para nuestra conciencia.

Una cosa, un ejemplo, que habréis pensado u oído alguna vez: “no puedo entender por qué me gusta tanto este chico que es un poco inquietante, que posiblemente me haga daño, que no me hace ni caso,  y sin embargo no puedo querer a ese otro que me cuida, que es un buen tipo, que todo lo que puedo decir de él es bueno… No tiene sentido, pero no puedo evitarlo”

La chica se debate en su contradicción, se lamenta de querer lo que no quiere querer. Y de no querer lo que querría querer.

Antes os decía que el Psicoanálisis tiene una visión de conjunto de la persona. Ahora puedo matizar un poco: se interesa por el sujeto, pero no sólo el sujeto de la conciencia, sino también el sujeto de lo inconsciente.  Por el sujeto que quiere A y por el que, desde lo inconsciente, ordena B. Ambos son uno solo pero con dos registros, en dos sistemas psíquicos.

No quiero decir que el Inconsciente nos determine totalmente. No es cierto. Pero la influencia de lo inconsciente es muy importante. Pensad en los sueños -¿quién los hace?-; pensad en las afirmaciones inoportunas, en las meteduras de pata, pero que “dan en el clavo”; pensad en las fantasías inesperadas -¿cómo he llegado a pensar esto?-; pensad en los síntomas psíquicos…

Pero os seguiré diciendo qué me gusta del Psicoanálisis.

Estudia la tendencia permanente de los sujetos hacia la satisfacción (de todo tipo: hambre, amor, curiosidad, sexo…), eso que llamamos pulsiones, y la forma a veces enrevesada, difícilmente comprensible, en que lo intentan sin éxito, o lo consiguen.

Pero también, lo que es más raro, su tendencia a la insatisfacción, o a una satisfacción  mezclada con sufrimiento. La bulimia sería un buen ejemplo: comer, vomitar, comer, vomitar…. Cualquier tipo de adicción también nos sirve de ejemplo.

Junto con ello, estudia el poco rigor o el rigor excesivo (lo que es más frecuente) de lo que inadecuadamente se suele llamar “conciencia moral”.  Tan excesivo a veces es ese rigor que inunda al sujeto de sentimientos de culpa. Sentimientos que no se justifican por la realidad y que pueden llegar a avasallar al sujeto, desde los sentimientos depresivos comunes, hasta la melancolía psicótica.

El Psicoanálisis no excluye lo que pueda resultar a algunos “políticamente incorrecto”. La sexualidad, por ejemplo, en cualquiera de sus manifestaciones o fantasías, que en algunos manuales está excluida, como si fuera algo “de mal gusto”. Tampoco hace ascos si es preciso hablar de odio, de rivalidad, de envidia, de celos, de deseos y fantasías de muerte hacia los otros o hacia uno mismo.

Y, obviamente, escucha y trabaja también con sentimientos de amor, movimientos de identificación, ideales, formas de sublimación, etc., etc.

El amor a los demás y el amor a sí mismo ¿habéis oído hablar del narcisismo?

¿Conocéis la fábula clásica de Narciso?  Aquel chico bellísimo que pasaba olímpicamente de todos y todas, que le deseaban ardientemente, especialmente de la ninfa Eco que estaba perdidamente enamorada de él.

Sólo se enamoró de su propia imagen reflejada en el agua. Y allí se quedó, fascinado por la belleza de su propia imagen… hasta la muerte.

Y tenemos que tener en cuenta que amamos a los otros y que nos amamos a nosotros mismos. Y es como una especie de vasos comunicantes. A más amor a mí mismo, más difícil se me hace amar a los otros. Y viceversa, cuando uno se borra, se inmola en el amor al otro, eso puede ser desastroso para el yo.

Todo esto nos ayuda a entender a esas personas que parece que no pueden amar a nadie, que el permanente cuidado de sí mismos, les dificulta querer a los demás, establecer vínculos consistentes con los otros.

Y también nos ayuda a entender esos procesos en que alguien se anula a favor de otro. Una situación frecuente y bien conocida tiene que ver con esto: ciertos duelos patológicos. Duelos en que al muerto o al que se ha ido se le magnifica, se le idealiza de tal modo que el yo queda dañado, a veces para siempre.

El Psicoanálisis procura dar cuenta de la angustia, que tiene múltiples caras y ámbitos de manifestación pero que, en general, tiene un origen ligado a lo inconsciente.

Y, por supuesto, procura dar cuenta de las defensas de que disponemos frente a la angustia. Podríamos decir, aunque suene exagerado y requiera de matizaciones varias, que todo nuestro funcionamiento psíquico es también una defensa frente a distintas amenazas de angustia. Angustia de pérdida del otro significativo, angustia de pérdida de amor, angustia frente a determinados deseos, angustia que no encuentra conexión con palabras, ….

Otra cosa: Tal vez hayáis oído decir que los psicoanalistas siempre andan rebuscando en el pasado de la gente a la que tratan. Dicho así, no es  cierto.

El psicoanálisis se interesa por el pasado del sujeto sólo en la medida que este  está activo en su presente, que es una cuestión perfectamente actual aunque sea en su inconsciente. Cuando se dice (y no creo que nadie lo discuta) la importancia de las vivencias infantiles, del papel conformador de las primeras experiencias, cuando se indaga por ellas en las anamnesis que se hacen con frecuencia, no es simplemente para dejar constancia de esa importancia, sino para establecer relaciones (relaciones que hay que demostrar) entre aquellas vivencias y estos padecimientos actuales.

Un ejemplo, entre mil: una mujer joven, inteligente, con recursos psicológicos para desenvolverse socialmente, tras su separación matrimonial, con dos hijos de corta edad, se une sin pensarlo mucho, y en forma bastante precipitada, a un hombre que tiene a su vez varios hijos, la mayor de ellos adolescente, cuya esposa lleva tiempo fuera del domicilio familiar pero haciendo apariciones esporádicas.

Todo va bien al principio, pero enseguida se producen enfrentamientos entre la hija adolescente del hombre y esta mujer (la paciente), que se siente no defendida por él, sino todo lo contrario, que toma partido por la hija, frente a ella. Esta mujer repite una y otra vez que no tiene sitio en esa familia. Broncas, descontroles emocionales, agresiones, intervenciones del psiquiatra, etc.

¿Un problema propio del difícil ajuste entre dos familias monoparentales?. Sin duda. Pero ¿hay algo más que explique esta elección de pareja y este manejo de la situación?

La anamnesis nos informa de una situación familiar infantil en donde la estructura familiar aparente está plagada de mentiras, nadie es lo que parece  y en donde esta niña ni siquiera estaba inscrita en el Registro civil. Se entera de su situación en la adolescencia.

Posteriormente, en sus primeras relaciones y en la elección de su marido y padre de sus hijos, todo está orientado hacia un fracaso seguro que todos prevén, incluida la paciente en su momento.

Ha ido eligiendo, impensadamente, alocadamente, situaciones en las que a poco tardar se va a sentir fracasada o excluida y, por tanto, “sin sitio”.

Lo traumático de la infancia, en la medida que no ha podido ser en algún momento pensado, hablado, llorado, protestado…., en definitiva, elaborado simbólicamente, sigue y seguirá produciendo efectos traumáticos y haciendo que la persona se meta en situaciones en que antes o después se volverá a sentir fuera, o excluida …. sin sitio.

Esta especie de compulsión a repetir un fracaso que viene siendo operativo desde la infancia y nunca identificado y comprendido por la paciente, es una parte decisiva de su comportamiento inadecuado (¿?) y no dejará de producirle problemas serios mientras no se la ayude a hacerlo consciente.

Además, seguramente, de tratar los problemas de relación de esa familia compleja.

He mencionado “lo traumático de la infancia” en referencia a la niñez de esta paciente que, ciertamente, vivió una situación familiar muy difícil de digerir, pero no debemos pensar que en el origen de cada trastorno o síntoma actual hay un trauma real en la historia.

Pero es casi un latiguillo que se oye mucho en las consultas. Dice el paciente: “Estoy mal, etc., etc.” “Desde cuándo está así”  “Desde mi adolescencia” “Y qué pasó en su adolescencia?”….. ¿Qué se busca?…. ¿El relato que el paciente hace de su sufrimiento y cuyo inicio relaciona con la adolescencia?. ¿O la existencia de algún acontecimiento real en ese tiempo que sería la causa del malestar actual?

Ya en los principios del Psicoanálisis se cayó en la cuenta de que lo traumático no tiene que estar necesariamente en la realidad que experimentó el paciente, sino en su realidad psíquica. En sus pensamientos, en sus fantasías, en sus deseos.

La realidad infantil de la paciente que acabamos de comentar tuvo, sin duda, una importante carga traumática, pero lo que produce su efecto traumático a lo largo de su vida es el hecho de no afrontarlo con palabras, con sentimientos, con deseos…. hacer el duelo por la situación infantil que creía tener…. lo que le hubiera permitido enfrentar de otra manera su relación con sus parejas, con su lugar en la familia, etc.

Una cosa que me atrae del psicoanálisis es el racionalismo de su fundador. Su forma de teorizar es compleja, rigurosa, incluso un tanto obsesiva en su deseo de justificar sus procesos de conocimiento. Se le podrá acusar de muchas cosas pero no de simplista, de gratuidad o de inconsistencia interna en su teoría.

¿Sabíais que el Psicoanálisis antes que nada es un método? Un método de indagación de los procesos inconscientes.

Como consecuencia de ello es una forma de tratamiento psicoterapéutico basado en ese método.

Y, finalmente, es un conjunto de conclusiones teóricas que se desprenden de ese método y esa forma de tratamiento.  Conclusiones teóricas que en el caso, sólo de Freud y en la editorial más manejada por los especialistas, abarca 24 tomos. Luego están los cientos, miles, de libros más, escritos por los psicoanalistas posteriores, entre ellos Melanie Klein y Jacques Lacan.

Freud y Lacan serán los que inspirarán las conferencias del ciclo que presentamos.

Pero quiero deciros algo acerca del método psicoanalítico.

Recordad que se trata, tras conocer las razones que le han traído a la consulta, y sus explicaciones conscientes de todo tipo, de indagar en sus razones no conscientes. Supongo que entendéis lo absurdo que sería decirle a alguien: “cuénteme cuáles son motivos inconscientes para hacer tal cosa o para haber llegado a este punto”. El sujeto, sin duda, nos respondería “¡Y yo qué sé!. De lo inconsciente, como es obvio, nadie sabemos.

Mejor dicho: el sujeto sí sabe, es el único que puede saber, pero desconoce lo que sabe.

De manera que la forma de intentar llegar a algo de eso inconsciente es  indirectamente.

Algunos de vosotros ya tenéis noticia de lo que son los tests proyectivos. Tests a través de los cuales tratamos de conocer algo de lo no consciente del sujeto, a través de instrumentos enmascarados de evaluación. Los tests de dibujo, como los de la casa-árbol-persona, los de apercepción temática como el TAT, los de manchas como el Rorschach, son tests en los que, mediante interpretaciones sobre escenas, manchas, el sujeto construye relatos en que esperamos que ponga de manifiesto algo de sus pensamientos o deseos inconscientes.

Pues eso es lo que se busca a través del método psicoanalítico de la asociación libre. Que el sujeto frene su control yoico, que no imponga su necesidad de coherencia, y “se deje decir”. ¿Os habéis dado cuenta de que cuando uno pierde cierto control, en una bronca fuerte, por ejemplo, puede acabar diciendo cosas que piensa, pero que no pensaba decir, incluso cosas que se resistía a creer que las pensaba?. Es curioso cómo en esos momentos en que a uno se le ha visto el plumero (el sujeto que las ha dicho, también se lo ve) es frecuente que recule y diga eso “Perdona, no quería decir eso” o “De verdad que no pienso tal cosa”. Lo piensa y quería decirlo, por eso lo ha dicho, pero se le ha escapado al yo controlador.

Bueno, pues de eso se trataría en el método psicoanalítico, de que el sujeto “se deje decir”. Fijaos: no se trata sólo de ser espontáneo o de hacer introspección, es de algo más, es de dar voz a algo de lo inconsciente, de apalabrarlo.

Hay otro aspecto del método que es muy importante, me refiero a la transferencia.

Sería mucho lo que habría que decir sobre ella, pero me contentaré con un símil. El terapeuta se presta a, se propone como, una especie de percha donde el paciente pueda colgar actitudes, relaciones, deseos, difícilmente recordables  por la angustia que puede producir el concienciarlos, y de esa manera poder tener noticia de ellos. “El paciente repite –en la transferencia, con el terapeuta- lo que no puede recordar”

El terapeuta como una oreja que está abierta a escuchar cualquier cosa, dirigida a él o no, y lo hace sin censurarlo, sin evaluarlo, sin calificarlo. Lo importante es que, de esta manera el sujeto se pueda ir escuchando a sí mismo.

Habréis escuchado, en alguna clase tal vez, hablar de las investigaciones acerca del resultado de distintos enfoques de tratamientos psicoterapéuticos. Investigaciones que, sobre todo en tiempos, tenían un planteamiento de eficacia comparativa. ¿Qué enfoque cura más?

Adolecen siempre de comparar enfoques tan diferentes en cuanto a sus objetivos, que no son en absoluto comparables.

La cura psicoanalítica no se propone como objetivo único o prioritario siquiera, la eliminación de los síntomas, sino más bien su análisis. Y, a través de su análisis, su transformación.

Analizar significa separar, desagregar, … recordad en qué consiste un análisis de sangre, en estudiar sus componentes…. estudiar los componentes de los síntomas neuróticos.

Es decir estudiar la participación de los deseos inconscientes y de las defensas correspondientes. Desentrañar para qué sirve cada uno, que función tienen para el sujeto. Cuál fue su origen, cómo se desencadenaron, por qué se mantienen.

Y el resultado de este análisis podrá ser la atenuación o el desmantelamiento del síntoma, porque ya esa función puede ser efectuada de otra manera menos costosa y más satisfactoria para el sujeto.

Bueno, vamos a acabar.

Desearía que estas palabras mías os sirvan para haceros una idea de lo que el Psicoanálisis es y, más aún, que experimentéis ganas de conocerlo más y mejor.

Muchas gracias.