FREUD, Sigmund. Autobiografía.

“El padre de la horda primitiva, cual déspota absoluto, reclamó para sí a todas las mujeres y mató y ahuyentó a los hijos como rivales peligrosos. Pero un día estos hijos se unieron y, juntos, vencieron, mataron y comieron al padre, que había sido su enemigo pero también su ideal. Tras hacer esto, no fueron capaces de recoger su herencia, pues se estorbaban unos a otros. A consecuencia del fracaso y movidos por el arrepentimiento, aprendieron a llevarse bien unos con otros, se agruparon en un clan de hermanos mediante los estatutos del totemismo, que excluían la repetición de una acción semejante, y, todos juntos, renunciaron a la posesión de las mujeres por cuya causa habían matado al padre. En adelante tenían que conformarse con las mujeres extrañas; tal es el origen de la exogamia, estrechamente relacionada con el totemismo. La comida totémica conmemoraba la horrible acción, de la cual no sólo surgió la conciencia de culpa de la humanidad (el pecado original), sino que también arrancan la organización social, la religión y las restricciones morales. Una vez que se abandonó la sustitución del padre por el animal totémico, el temido y odiado, venerado y envidiado padre primitivo se convirtió en el modelo de Dios. El despecho del hijo y su añoranza del padre lucharon entre sí estableciendo siempre nuevos compromisos, a través de los cuales había, por una parte, que expiar el acto de asesinato del padre y, por otra, que afianzar y asegurar sus ventajas. Esta concepción de la religión proyecta especial claridad sobre la estructura psicológica del cristianismo, en el que la ceremonia de la comida totémica todavía pervive, poco modificada, como comunión”:

FREUD, Sigmund. Autobiografía.