F. Javier Montejo Alonso. BUDAPEST 1918: PSICOTERAPIA PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA (V)

Freud sienta las bases de esa «nueva terapia» alrededor del principio (o regla) de abstinencia, respaldando de esa manera la línea ya iniciada por Ferenczi con Dificultades técnicas de un caso de histeria(24), ensayo con el cual su autor dio lugar al nacimiento de la llamada técnica activa. Pero Freud, como un buen jugador, sabía que no se debe
apostar todo a una sola carta, por eso refrenda y apoya también los trabajos que Abraham y Simmel, desde otros planteamientos técnicos, estaban realizando en el tratamiento de neurosis de guerra en los hospitales militares.
Freud al constatar la catastrófica situación social tras cuatro años de guerra, propone abiertamente la creación de clínicas psicoanalíticas, en las cuales se atienda de manera gratuita a gran parte de la población, especialmente a las clases más desfavorecidas.
Estas clínicas psicoanalíticas, atenderían gran cantidad de pacientes, lo que permitiría afrontar con garantías el reto de extender el psicoanálisis hacia patologías psíquicas que hasta entonces habían quedado más allá de la terapia psicoanalítica.
Los analistas, formados con el apoyo de estas nuevas clínicas, podrían en muy poco tiempo, adquirir una capacitación clínica impensable hasta entonces.
Pero, para afrontar este desafío Freud constata la necesidad de abordar paralelamente la imperiosa necesidad de crear un gran número de analistas. Sólo así podría atenderse esa demanda; y sólo con una gran demanda, los analistas podrían atender gratuitamente, o con honorarios muy bajos, de manera que las clases populares puedan
acceder a la terapia psicoanalítica:
«(…) nuestra acción terapéutica es harto restringida. Somos pocos, y cada uno de nosotros no puede tratar más que un número muy limitado de enfermos al año, por grande que sea su capacidad de trabajo. Frente a la magnitud de la miseria neurótica que padece el mundo y que quizás pudiera no padecer, nuestro rendimiento terapéutico es cuantitativamente insignificante. Además, nuestras condiciones de existencia limitan nuestra acción a las clases pudientes de la sociedad, las cuales suelen elegir por sí mismas sus médicos, siendo apartadas del psicoanálisis, en ésta elección, por toda una serie de prejuicios. De este modo, nada nos es posible hacer aún por las clases populares, que tan duramente sufren bajo las neurosis.
Supongamos Ahora que una organización cualquiera nos permite aumentar de tal modo nuestro número que seamos ya bastantes para tratar a grandes masas de enfermos.
Por otro lado, es también de prever que alguna vez habrá de despertar la conciencia de la sociedad y advertir a ésta, que los pobres tienen tanto derecho al auxilio del psicoterapeuta como al del cirujano, y que las neurosis amenazan tan gravemente la salud del pueblo como la tuberculosis, no pudiendo a ser tampoco abandonada su terapia a la iniciativa
individual. Se crearán entonces instituciones médicas en las que habrá analistas encargados de conservar capaces de resistencia y rendimiento a los hombres que, abandonados a sí mismos, se entregarían a la bebida, a las mujeres próximas a derrumbarse bajo el peso de las privaciones y a los niños, cuyo único porvenir es la delincuencia o la neurosis. El tratamiento sería, naturalmente, gratis. Pasará quizá mucho tiempo hasta que el estado se dé cuenta de la urgencia de esta obligación suya. Las circunstancias actuales retrasaran acaso este momento. Y es muy probable que la beneficencia privada sea la que inicie la fundación de tales instituciones. Pero indudablemente han de ser un hecho algún día»(25).-

24 FERENCZI, S. (1919b), Dificultades técnicas de un caso de histeria. En Sandor Ferenczi, Obras Completas,
T. 3. Madrid: Espasa-Calpe, 1981.

25 FREUD (1918a), pp. 2461-2462.