Entrevista a Antonio Di Ciaccia. Analizante de Lacan (I)

Antonio Di Ciaccia es Analista miembro de la Escuela de la Causa Freudiana de París, miembro de la Escuela Europea de Psicoanálisis (Sisep), y presidente del Instituto Freudiano de Roma. Es fundador del Instituto para niños psicóticos de Antenne 110 de Bruselas. Para Ed. Einaudi estableció la publicación en italiano de varios seminarios de Jacques Lacan. Dirige la revista del Campo Freudiano  “La Psicanalisi”

Doriano Fasoli:-Profesor Di Ciaccia, ¿cuándo y en qué circunstancias conoció personalmente a Lacan?

Di Ciaccia:-Hacia fines de los años sesenta había ido a estudiar psicología a la Universidad de Lovaina en Bélgica. En esa época, en la Universidad no se hacía otra cosa más que hablar de Lacan y el ambiente que frecuentaba estaba compuesto de jóvenes atraídos por el psicoanálisis. Con estos compañeros me había inscripto en las Jornadas de l’Ecole freudienne de Paris en el otoño de 1971, jornadas de estudio que como era habitual Lacan quería que fueran abiertas a todos y no reservadas exclusivamente a los psicoanalistas.

Finalizando una mañana, luego de la intervención de Safouan si mal no recuerdo, durante el debate hice coraje y pedí la palabra. Coraje que luego me faltó por varios años. Dije algo en el micrófono; Lacan estaba saliendo de la sala por la puerta opuesta, lejos. A la noche, durante un refresco en l’Ecole freudienne de Paris, en rue Claude Bernard, veo a poca distancia a Lacan que caminaba entre la gran cantidad de gente. Le tomo la mano para saludarlo, él se da vuelta, me mira y me llama por mi nombre. Sorprendido le pregunté cómo sabía mi nombre. Me respondió que era yo quien lo había dicho cuando hablé finalizando la mañana. Y me dijo: “Usted ha dicho que un analista no es un analista delante de su propia mujer”. Era efectivamente la frase que yo había pronunciado. “Dígame, mi estimado,¿ a qué se dedica?” . Le respondí que era estudiante de psicología en la Universidad de Lovaina y que era sacerdote. Mis palabras le procuraron como una súbita alegría. “¿Sacerdote? ¿Estudiante en Lovaina? Dentro de unos días estaré en Lovaina y me gustaría que usted participase de los encuentros que haré allí”.
“Pero yo no soy analista” –dije -“ ¿y?-respondió. Arregló él mismo las cosas. Ahí mismo fue a buscar entre los presentes a Antoon Vergote, que estaba en compañía de Alphonse De Waelhens, ambos famosos profesores de la Universidad de Lovaina. El presidente de l’Ecole Belge de Psychanalyse -Vergote –debía ceder, luego de resistirse en vano, al pedido explícito de Lacan de que yo estuviera en esos encuentros. Así comenzó mi aventura junto a él.

AF:-Desde el punto de vista intelectual ¿qué representó Lacan en su vida? ¿fue con él que se analizó?

DC:-Para mí el encuentro con Lacan ha sido un cataclismo. Saludable, benéfico, vital. Desde el punto de vista analítico mi aventura con Lacan comenzó algún tiempo después y duró hasta su muerte. Diré sólo esto: Lacan como analista te hacía dar con la más real crudeza con los impasses de tu propio deseo, pero nunca te dejaba caer. Pienso que dije bastante con esto.

-Freud fue alumno de Brentano … ¿y quién fue el maestro por excelencia de Lacan, o reconocido como tal por él?

Es el mismo Lacan el que indica como “nuestro único maestro en psiquiatría” a de Clérambault, el psiquiatra que dirigía la enfermería especial de la Prefectura de París cuando el joven Lacan se estaba formando. Era seguramente el mejor lugar para un joven médico psiquiatra para ocuparse de enfermos y ver la locura manifestarse sin velos. Pero de Clérambault no fue sólo su maestro por haberlo guiado en su primer acercamiento con los enfermos mentales, ya que había desarrollado además una teoría sobre el síndrome de automatismo mental – que son fenómenos psíquicos vividos, pero no reconocidos por el sujeto como suyos- que para Lacan son una ilustración del funcionamiento inconsciente del ser humano, como también había elaborado un cuidadoso estudio del delirio erotómano – en el cual un sujeto está convencido de ser el objeto del amor y de la pasión de un personaje público e importante, una estrella, un VIP, etc- y que Lacan indicará como un estadio peculiar en ciertas formas de psicosis.

No obstante sería reduccionista limitarse solamente a de Clérambault. Porque Lacan era médico y psiquiatra, pero era sobre todo psicoanalista. En este sentido no se puede decir que su psicoanalista, Loewenstein, haya sido su maestro. Pero sí Freud. Freud fue más que maestro, porque el nombre de Freud es el índice mismo del campo en el que Lacan ha desarrollado toda su enseñanza. Sin embargo, no pocas veces Lacan reconoció haberse inspirado y se ha referido a la obra de grandes maestros. No sólo los grandes del pasado: de Platón a Plotino, de Aristóteles a Santo Tomás, de Descartes a Kant – y podría seguir enumerando-, sino también con sus contemporáneos.

Se ve el recurso a Jaspers en su tesis de doctorado para liberarse de un excesivo psiquiatrismo, a Levy-Strauss para abrirse a cierta perspectiva sobre lo simbólico, a Kojéve cuya enseñanza lo introduce en Hegel, mismo el rol que le hace jugar a Marx sobre el descubrimiento del síntoma freudiano, y que podría parecer a primera vista una sutileza, mientras en realidad es de una inmensa y actual importancia.

continuará…