Jorge Marugán. HOMOSEXUALIDAD Y PERVERSIÓN (III)

(…)

Respecto a las causas de la homosexualidad, Freud, estudiando a Leonardo da Vinci, se refiere a un tipo particular de homosexualidad en el varón: la fijación a una madre “no castrada”, es decir, imaginada con pene. Tal fijación se ve favorecida por ciertas condiciones del entorno familiar: la madre vuelca en exceso su amor en el hijo y el padre queda relegado. El hijo, entonces, para reprimir ese amor incestuoso, se identifica con la madre tomándose a sí mismo como el modelo de sus objetos sexuales.

Respecto a la homosexualidad femenina Freud, en el caso de la mujer homosexual de 1920, señala una causa opuesta a la del varón: “la necesidad de una madre más amorosa”; sumada después a una decepción edípica respecto al padre.

Lacan, en su escrito La significación del falo, reafirma esta diferencia de la homosexualidad femenina: “se orienta sobre una decepción que refuerza la vertiente de la demanda de amor”. Y en Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina,  retomando el caso de la mujer homosexual de Freud, añade que hay un desafío abierto al padre desplazándolo de su lugar para demostrarle cómo se ama a una mujer, con qué devoción, cómo se entrega todo, sobre todo lo que no se tiene, que no tener el falo no impide darlo y que ése es el verdadero amor. Consideraciones que separan, más todavía, a la homosexualidad femenina de la condición de perversión. La acentuación de la demanda de amor en la homosexualidad femenina parece constatarse en la clínica bajo el modo de una elección de objeto a menudo no exclusiva y variable en el tiempo. Aquí encontramos, en ocasiones, que el elemento singular de la elección puede responder a la fórmula: “no me gustan las mujeres, me gusta esa mujer”. Esta dimensión privilegiada del amor podría ser un modo de suplir la no existencia del significante del Otro sexo: si hay amor nada falta.

Lacan se opuso también a situar la homosexualidad en el campo de la perversión y, con su aportación de la teoría de la sexuación, formuló que hombres y mujeres se distinguen por su modo de goce, independientemente de que sean homosexuales o heterosexuales. Antes, en su  Seminario 5 había achacado la dificultad de conmover la posición del homosexual masculino al hecho de que se trata de una inversión con respecto al objeto que se estructura en un Edipo pleno y acabado.

(continuará…)

Coloquio Fed. Europea para el Psicoanálisis: “Angustia y perversiones.” Abril, 2015.