F. Javier Montejo Alonso. BUDAPEST 1918: PSICOTERAPIA PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA (III)

(…)

«El 28 de julio de 1914, la monarquía austro-húngara marchó contra Serbia y de ese modo inició la primera Gran Guerra. Este acontecimiento, traducido por las experiencias personales de un niño de nueve años, sólo dejó dos huellas:
a) tuve que ir a buscar un vaso de agua con bicarbonato de soda para mi padre, que estaba recostado en un sofá, a causa de una indigestión de origen nervioso, y desde allí explicaba a mi madre que ahora tendría que cambiar de actividades porque ya no se podrían importar más tejidos ingleses.
b) durante el habitual paseo vespertino con la niñera nos encontramos con una alegre manifestación que marchaba por la calle y cantaba el himno nacional: «Dios, bendice al magiar/ con buen humor y una buena cosecha/ ampáralo, con brazo protector/en la batalla». Era la primera manifestación popular que veía en mi vida, y su efecto fue tan irresistible que me desprendía de la desdichada Fraülein y me sumé a la multitud en marcha, chillando alternativamente «muerte a los perros serbios» y «Dios, bendice al magiar» (Arthur Koestler) (8).
Y, si inesperado fue el comienzo de la guerra, igualmente inesperado fue su final. Más inesperado aún, pues pese a lo sucedido en Rusia apenas hacía un año (9), nadie podía esperar que ese final viniera de la mano del estallido de la Revolución en Berlín, Munich, Viena, o Budapest:
«Personalmente no me di mucha cuenta de la verdadera revolución. El sábado el periódico anunció que el káiser había abdicado. En cierto modo me sorprendió que viniera tan poca información. Sólo se trataba de un titular y durante la guerra los había visto mucho más grandes. Por cierto que, en realidad el káiser ni siquiera había abdicado aún cuando leímos el periódico (…) Aquel domingo fue también la primera vez que oí un tiroteo. Durante toda la guerra jamás había escuchado ningún disparo. Pero ahora, como la guerra estaba finalizando, en Berlín empezaban a disparar»(10).
Es en este contexto, en vísperas del hundimiento súbito de un mundo que parecía eterno, y en vísperas de una revolución inesperada y no deseada, cuando nos encontramos con que Freud decide lanzar su órdago, en la curiosa partida del
psicoanálisis. A finales de septiembre de 1918 en Budapest se celebra el V Congreso Internacional de Psicoanálisis, el primero desde el comienzo de la guerra. Aprovechando el interés que las autoridades militares han tomado por el psicoanálisis (11),
Freud decide que ha llegado el momento crucial, sin darse cuenta probablemente de que está ante un mundo que se desploma como un castillo de naipes. ¿O quizás si se daba cuenta, sin él mismo saberlo?
Pero si echamos la vista atrás casi una década, veremos a Freud en 1910 —en ese mundo intemporal del cual hablábamos antes— preparando ya una auténtica revolución en el mundo psicoanalítico. En Nuremberg (12), recién salido de su aislamiento, Freud esbozó un ambicioso programa de expansión y consolidación para la psicoterapia psicoanalítica. Cuando el mundo empezaba a reconocer la existencia del psicoanálisis; cuando éste ya había atravesado las fronteras de la cerrada y antisemita Viena (13), Freud diseñó todo un programa de trabajo para la expansión y renovación interna del psicoanálisis. Una nueva frontera que se plasmará una década después, justo a finales de 191814, en dos líneas bien definidas:
– Primera: Una revisión profunda de la teoría psicoanalítica. Revisión que Freud iniciará poco después con Introducción al narcisismo (15), y que le llevará, a través de una década, a una reformulación teórica conocida como segunda tópica.
– Segunda: la creación de una nueva terapia que fuera capaz de abordar otros trastornos psíquicos hasta entonces no tratados por la terapia psicoanalítica.
Y, además, una terapia que pueda abordar la asistencia pública y hospitalaria. Para ello el psicoanálisis debería dotarse de una estructura formativa (pública y/o privada) hasta entonces inexistente.
Es esta segunda línea de la que nos vamos a ocupar en los apartados siguientes, demorándonos en revisar las circunstancias internas que rodean la convocatoria del Congreso Internacional de Psicoanálisis de Budapest (1918). Daremos antes un pequeño rodeo por el «programa» que Freud lanza en 1910 en Nuremberg, en el mismo
momento que se estaba creando la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

8 KOESTLER, A. (1955), Arrow in the Blue, (vers.cast.: «Autobiografía,. Vol.:Flecha en el azul», Barcelona,
Debate, 2000, pp. 59-60).
9 La Revolución Soviética de Octubre de 1917.
10 HAFFNER (2000), pp. 30-31.
11 Ferenczi, Abraham, Simmel y Eitingon, estaban tratando neurosis de guerra en los hospitales militares
en que prestaban servicio como médicos militares.

12 FREUD, S. (1910), El Porvenir de la Terapia Psicoanalítica. En Sigmund Freud..Obras completas, Tomo
V, Madrid, Biblioteca Nueva, 1972.
13 RIEDL, J. (1992), Das Geniale. Das Gemeine, München, R. Piper Gmbh & Co. (vers. cast.: Viena infame
y genial, Madrid, Anaya&Mario Muchnik, 1995).
14 FREUD, S. (1918a [1919]), Los caminos de la terapia psicoanalítica. En Sigmund Freud. Obras completas
Tomo VII, Madrid, Biblioteca Nueva, 1972.
15 FREUD, S. (1914), Introducción al narcisismo. En Sigmund Freud.Obras completas, Tomo VI, Madrid,
Biblioteca Nueva, 1972.