Jorge Marugán. HOMOSEXUALIDAD Y PERVERSIÓN (I)

HOMOSEXUALIDAD Y PERVERSIÓN.

Respecto a la pregunta inicial sobre la relación entre la elección de objeto homosexual y la perversión, tomemos a Freud y a Lacan como punto de partida.

Desde 1901 encontramos en los textos de Freud referencias sobre homosexualidad y, desde el primer momento, se aprecia un avance fundamental respecto a la valoración diagnóstica imperante en la sociedad médica, pues tanto Krafft-Ebing como Charcot la catalogaron como desviación causada por degeneración hereditaria. Freud, sin embargo, se refiere a ella como transgresión de los imprecisos límites de la norma sexual dictada por la cultura, soslayando así la dimensión patológica y la condena moral a las que la homosexualidad había sido sometida. En Los tres ensayos de teoría sexual de 1905 establece que existen diferentes tipos de homosexualidad, por tanto, esta no es generalizable; que sus factores causales podrían ser el resultado particular de la “bisexualidad originaria”, considerando que (tomo la traducción de Etcheverry), “entre pulsión y objeto sexual no hay sino una soldadura”, ya que “la pulsión sexual es al comienzo independiente de su objeto, y tampoco debe su génesis a los encantos de éste”. Hay que valorar estas afirmaciones de Freud: el individuo no tiene vinculación natural con el otro sexo, lo que conlleva a plantear la elección de objeto como algo sometido a una indeterminación, a una discontinuidad, y a descartar cualquier posibilidad de postular una sexualidad normativa.

Además, la clínica nos muestra que sujetos bien instalados en una identidad masculina pueden desear y elegir a hombres como objetos sexuales y a la inversa. También que la orientación sexual puede cambiar a lo largo de la vida de un mismo sujeto. Pero, ¿cómo se establecerá esta soldadura entre pulsión y objeto?

Nos encontramos  aquí con el concepto lacaniano de fantasma, término que posee en castellano esa resonancia siniestra de nombrar algo íntimo y a la vez extraño que reaparece. El fantasma es un montaje particular de imágenes parecido a una película con un guión simple y repetitivo que, en cierta manifestación consciente, provocará excitación sexual. Podemos plantear que el fantasma conecta el deseo con los personajes masculinos o femeninos que se convertirán en referencias para la búsqueda de excitación y satisfacción sexual a través de los objetos de la realidad. Y, a la vez, los objetos de la realidad, ya sexualizados, dejarán la marca de su propio deseo en el sujeto, como corroboran los relatos de nuestros pacientes

(Continuará…)

Coloquio Fed. Europea para el Psicoanálisis: “Angustia y perversiones.” Abril, 2015.