Jorge Marugán. Los cuatro o cinco discursos y la crisis en el lazo social (II)

La posibilidad del discurso de hacer vínculo pasa, entonces, por la interrupción del circuito, por una disfunción relativa en cada discurso.

Pero, ¿qué tipo de vínculo hacen los discursos? ¿entre quién?

De entrada, parece que los cuatro discursos presentados por Lacan en el Seminario XVII vinculan a aquellos seres identificados con los lugares superiores de su escritura, es decir, al amo con el esclavo, a la histérica con el amo, al profesor con el estudiante y al analista con el analizante. Sin embargo, Lacan precisa que la relación entre estos términos es “imposible”. Además, una cosa es que entre esos seres se produzca un intercambio y otra que es se establezca un lazo social. ¿Es capaz el amo de hacer lazo social? Un amo que hace lazo con los esclavos, ¿qué clase de amo sería? Es evidente que al amo le interesa la producción del esclavo y no el vínculo. Y lo mismo podríamos decir de los otros discursos, ¿la histérica busca un vínculo con el amo o sólo precisa hacer uso de él para encontrar una respuesta, un saber a su insatisfacción? ¿el profesor quiere hacer vínculo con los alumnos ignorantes o realmente quiere reafirmar y perpetuar su saber a través de ellos? Y no digamos el analista identificado al a, objeto que por naturaleza resiste a cualquier simbolización. Lacan aquí se acuerda de Freud cuando éste, al explicar el quehacer del analista, lo señala como una de las tres profesiones imposibles junto con la de educar y gobernar. Ahora, con la de hacer sostener el deseo, serían cuatro.

Propongo que si, como dice Lacan, el punto de inserción de los discursos es el goce, el lazo social al que conducen debe establecerse entre seres hablantes que comparten la misma modalidad de goce. Así, el discurso del amo posibilitaría establecer un lazo social, hacer un conjunto, entre los esclavos; el discurso de la histérica entre los amos a los que pone a trabajar convirtiéndolos en hombres; el discurso de la universidad entre los estudiantes y…  ¿el discurso del analista? Creo que tropezamos aquí con una de sus particularidades, de sus dificultades para instalarse como discurso: los analizantes no hacen conjunto, no pueden compartir su goce puesto que el efecto de este discurso es, precisamente, una caída de goce, una pérdida. Así, el discurso del analista parece condenado a no poder denunciar nada salvo en un medio-decir, a generar una confusión que lleva a salir de él función de la sed de sentido; se trata de un discurso sostenido en un saber sólo supuesto y cuya producción, un S1 particular, un sinthome, no es algo alrededor de lo cual agruparse.