Jorge Marugán. Los cuatro o cinco discursos y la crisis en el lazo social (I)

Sorprende comprobar en algún encuentro reciente entre analistas que no todos piensen que los discursos imperantes nos arrastran al aislamiento, al despojo de recursos simbólicos, a la desigualdad… que aquello que se ha dado en llamar crisis en el vínculo social no es algo puramente coyuntural, circunstancial o pasajero sino que se ha introducido en la esencia, en la estructura de nuestra forma de vida. Más allá de constatarlo en nuestras consultas, en nuestro entorno, en nuestro propio padecer, nos corresponde cuestionar la sucesión de acontecimientos, las permutaciones que se han ido produciendo en la relación discursiva entre los cuatro elementos que, según Lacan, integran cualquier forma de vínculo entre seres hablantes: S1, S2, $ y a; donde S1 es un significante sin sentido capaz de representar a un sujeto ($), a través de su encadenamiento con otro significante portador de un saber (S2), produciéndose en la operación un resto de goce (a) resistente a toda significación que quedará perdido para el sujeto.
En el Seminario XVII, El reverso del psicoanálisis, Lacan plantea sus cuatro discursos como las cuatro formas, “cuatro y no más”, de hacer vínculo o lazo social que han emergiendo en nuestro devenir histórico. Para su escritura establece cuatro lugares fijos separados de dos en dos por una barra, los lugares superiores corresponderían a lo manifiesto y los inferiores a lo latente o escondido de cada discurso.

Designemos así los cuatro lugares fijos:

Para precisar mediante flechas las relaciones entre estos cuatro lugares recurramos a la transcripción de la conferencia de Lacan en Milán  en 1972:

Observemos que en este circuito de relaciones sólo uno de los cuatro lugares, el lugar de laVerdad, queda aislado, protegido, no determinado por ninguno de los otros. Tal distribución supone un corte, un freno a la libre circulación en el circuito y ello será, precisamente, lo que posibilitará al dispositivo discursivo hacer vínculo social puesto que su interrupción permitirá abrir un “tiempo de comprender”, un cuestionamiento sobre el movimiento deseante del Agente y la elaboración por parte del otro de una respuesta en forma de Producción. Evidentemente, tal producción no podrá nunca satisfacer al agente puesto que su verdad, auténtica fuente del discurso, permanece oculta e inalcanzable.