F. Javier Montejo Alonso. BUDAPEST 1918: PSICOTERAPIA PARA DESPUÉS DE UNA GUERRA (I)

Los historiadores suelen estar de acuerdo al decir que la Primera Guerra Mundial supuso el verdadero final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX. El 1º de agosto de 1914 fue el comienzo de la muerte de un mundo y del nacimiento de otro.
Y si la muerte fue inesperada y violenta, el nacimiento tomará la forma de un parto traumático y prematuro. Peter Gay(1), parafraseando a Otto Rank (2), hablará de «el trauma del nacimiento» al referirse a la creación de la República de Weimar.
Hoy nos puede parecer increíble, pero en 1914 muy pocos tenían conciencia de vivir en un mundo a punto de desplomarse como un castillo de naipes. En Moscú, Berlín o Viena nadie quería darse cuenta de que vivían en las capitales de unos imperios que corrían veloces y alegres hacía su desaparición. Su mundo (en su economía, en su moral, en sus tradiciones, en sus equilibrios militares,…), parecía un lugar inmutable y seguro. Nicolás II, Guillermo II o Francisco José I, festejaban un año más de sus eternos reinados.

Aquel verano de 1914 comenzó como un verano más. Un joven, pero experimentado, Stefan Zweig, que tenía entonces 33 años, nos ofrece su propio testimonio respecto a la ceguera de lo que se avecinaba: «¿Qué importaba lo que pasaba fuera de Austria?»(3). El comienzo de la guerra cogió absolutamente desprevenidos, y generalmente de vacaciones, a aquellos buenos burgueses centroeuropeos. En la apacible calma, y calurosa tranquilidad del verano, las noticias sobre el comienzo de la guerra parecen intrascendentes. Freud recibe de la misma manera despreocupada el inicio de la guerra. El 26 de Julio de 1914 escribe a Karl Abraham, que se encuentra de vacaciones en Karlsbad:
«Querido amigo: Junto con la declaración de guerra, que trastornó nuestra pacífica estación termal, llegó su carta que trajo por fin la noticia liberadora. ¡Con que nos hemos liberado por fin del brutal santurrón de Jung y sus loros repetidores! (…) Por supuesto, es ahora imposible predecir si las circunstancias nos permitirán todavía celebrar el Congreso. Si la guerra
permanece localizada los Balcanes, será fácil. (…) Empero me siento ahora, quizás por primera vez en treinta años, austríaco y quisiera hacer una prueba más con este Imperio en que no pueden cifrarse muchas esperanzas. La moral es excelente en todas partes. El efecto liberador de la acción valerosa, el apoyo seguro de Alemania, contribuyen también
mucho. Uno observa en toda la gente los más genuinos actos sintomáticos»(4).
————
1 GAY, P. (1984), La cultura de Weimar, Barcelona, Argos Vergara, p. 11.
2 RANK, O. (1924), El Trauma del nacimiento, Barcelona, Paidós, 1991.
3 ZWEIG, S. (1976), Die Welt von Gestern, Zürich, Williams Verlag, (vers.cast.: El mundo de ayer. Memorias
de un Europeo, Barcelona, El Acantilado, 2001, p. 47).
4 ABRAHAM, H. y FREUD, E. (edits) (1965), Briefe: Sigmund Freud-Karl Abraham.1907-1926, S. Fischer
Verlag. (vers.cast.: Correspondencia Sigmund Freud-Karl Abraham, Barcelona, Gedisa, 1979, pp. 214-215).